Estados Unidos experimentó en secreto con su propia gente

 

 

 

“Hay un principio no escrito
que dice que los poderosos y privilegiados
deben tener capacidad de hacer lo que quieran
(por supuesto esgrimiendo nobles motivos).
El corolario es que la soberanía
y los derechos democráticos de la gente
en este caso deben pasar de ser
(y esto es lo dramático) refractarios
a ser objeto de experimentos
cuando las grandes empresas de EE. UU.
pueden sacar tajada del experimento”.

Noam Chomsky,
El control de nuestras vidas, 2000.

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Setenta y tres escolares de una escuela pública de Massachusetts recibieron cucharadas de isótopos radioactivos junto con la avena con leche que les daban en el desayuno de cada mañana. En 1945 la ciencia militar estadounidense ya conocía el poder destructivo de la energía atómica pero sabía poco sobre el efecto radioactivo en los seres humanos.

Desde los años 40 hasta la década de los ’90, Estados Unidos experimentó armas químicas y bacteriológicas con los habitantes de su propio país, revelan hoy documentos secretos desclasificados. Los jueces rechazaron las demandas de reparación de las familias de las víctimas invocando la doctrina de “la inmunidad del gobierno”.

En 1994, William Clinton ofreció “disculpas sinceras”, aduciendo que una “nueva generación de líderes” no repetiría esas prácticas, en un cuestionamiento ético tildado por otros de simple “traición”. Hoy podrían existir otros abusos secretos.

Algunos atentados

- En la década del 40 se inyectó plutonio a pacientes de hospitales, se hizo ingerir radioisótopos a los escolares y mujeres embarazadas bebieron hierro radiactivo.
- Desde fines de los ‘40 hasta los ‘50, estadounidenses, canadienses y británicos rociaron bacterias en Las Bahamas.
- En los ’50, las tropas fueron sometidas a la radiación de las pruebas nucleares en la atmósfera, para conocer sus efectos en la infantería.
- En 1950, las FF.AA. bombardearon San Francisco, Key West -Florida- y Ciudad de Panamá con bacterias serratia marcescens, sin advertir a la población.
- En 1952/53 dispersaron nubes de partículas sintetizadas de sulfuro de zinc-cadmio sobre los alumnos de la escuela Clinton de Minneapolis (Minnesota); Saint Louis, el Fuerte Wayne, el Valle del Monocacy (Maryland), Leesburg (Virginia), otros estados del centro y Winnipeg (Canadá), “para ver cuánto se dispersarían”.
- En 1965, agentes del Ejército soltaron el bacilo globigii en el aeropuerto nacional de Washington y en la terminal de autobuses Greyhound.
- En 1966, difundieron bacterias sustilus varilus en la estación Broadway, Nueva York.

Expedientes del plutonio

Estas puntas del iceberg parecen de ciencia ficción. Pese a que están cubiertos de silencio, ilustran la vocación terrorista del gobierno de EE.UU. …con su propia gente.

Aunque no es fácil obtener información, la verdad termina siempre por saberse. Una investigación de la periodista Eileen Welsome documentó en 1993 la historia de 18 casos de radiación en el libro The Plutonium Files: America’s Secret Medical Experiments in the Cold War (Los archivos del plutonio: experimentos médicos secretos durante la Guerra Fría).

El trabajo de Welsome sobre los expedientes secretos desclasificados impresionó a Hazel O’Leary, secretaria de Energía de Clinton, quien promovió una investigación que en 1994 fue muy resistida por “insólita”. Welsome reveló que 73 menores indefensos de una escuela de Massachusetts ingirieron isótopos radiactivos en la avena del desayuno, una mujer de Nueva York fue inyectada con plutonio por los médicos del Proyecto Manhattan -la bomba atómica- que le atendían un desorden pituitario, mientras 829 embarazadas bebieron “cócteles vitamínicos” en una clínica de Tennessee, pero en realidad contenían hierro radiactivo.

El gobierno de Clinton formó una comisión -presidida por Ruth Fade- para investigar los casos de radiación en seres humanos denunciados por Welsome. Sin embargo, el informe no satisfizo porque no hubo culpables. Sólo las disculpas del Presidente.

Otras investigaciones

Cuarenta años después, una ex alumna de la escuela Clinton -de un típico barrio de clase obrera- descubrió que cuatro compañeros murieron a los 40 años de edad por enfermedades atribuidas a las pruebas químicas. La mayoría padeció asma, sufrió neumonía y otras enfermedades respiratorias, pero en un juicio sin culpables se impuso el principio de la “inmunidad gubernamental”. El Ejército aseguró que sus pruebas resultaron inocuas y garantizó que las enfermedades fueron una coincidencia.

En la mitad de los ’70, el San Francisco Chronicle denunció -un cuarto de siglo después- el evento serratia marcescens. Hubo reclamos de los nietos de 11 víctimas hospitalizadas por infecciones urinarias y respiratorias severas, entre ellas un hombre que murió, pero de nuevo los jueces impusieron la doctrina de “inmunidad gubernamental”. Además, el Ejército aclaró que las bacterias causantes del daño humano no fueron las suyas. Otra coincidencia.

Leonard Cole, autor de The Eleventh Plague: The Politics of Biological and Chemical Warfare (La plaga décimo primera: la guerra química y biológica), documentó numerosos otros casos. No es fácil conseguir información sobre estas violaciones a los derechos humanos en el país gendarme de la democracia mundial. La Red de Noticias de Salud (Health News Network), del Proyecto Libertad de Derechos Humanos de Winston-Salem, Carolina del Norte, ofrece reimpresiones de documentos gubernamentales desclasificados (Ver http://www.mindcontrolforums.com/pro-freedom.co.uk/publications_books_1.html).

Más pruebas en humanos

En 1977, las audiencias del Comité de Inteligencia del Senado sacaron a la luz que entre 1949 y 1969 se realizaron 239 pruebas secretas de agentes biológicos aéreos, 80 con bacterias vivas. Las FF.AA. afirmaron que sus bacterias tampoco eran nocivas, pero en varios casos se comprobó lo contrario. En 1994, un experto en guerra biológica declaró que por 20 años el Ejército soltó nubes de microbios “simulados” y agentes químicos en cientos de zonas pobladas, causando enfermedad y muerte en humanos y animales.

Las audiencias revelaron que la CIA hizo experimentos secretos (1956-1961) de control mental con el programa MK-Ultra en numerosas ciudades. Sus agentes introducían alucinógenos -LSD y mescalina- en las bebidas sin que los “conejillos” se percataran y se quedaban a “observar”.

Muchos “sujetos” se enfermaron y dos murieron.

Entre 1944 y 1974, el ministerio de Defensa (Pentágono) y la Comisión de Energía Atómica estudiaron en miles de personas los efectos nocivos dle material radiactivo e inyecciones de plutonio. Un comité del gobierno informó en 1965 que se realizaron 4.000 experimentos en docenas de hospitales, universidades y bases militares, por lo general sin permiso ni conocimiento de los “conejillos”.

Pedro Albizú Campos

En 1931 el Dr. Cornelius P. Rhoads, se traslado al Hospital Presbiteriano de San Juan para “estudiar la anemia en Puerto Rico”, con financiamiento de la Fundación Rockefeller. Lo que realmente hizo fue inyectar a los anémicos con células de cáncer y elementos radiactivos y aplicarles radiación para estudiar sus efectos. En una carta a su amigo F.W. Stewart, confesó haberle dado muerte a 8 pacientes.

Más tarde, Rhoads dirigió de guerra biológica en Maryland, Utah y Panamá. También integró la Comisión de Energía Atómica, donde organizó experimentos de exposición a la radiación con soldados y pacientes de hospitales.

En 1951, el líder patriota Pedro Albizú Campos denunció desde la cárcel La Princesa de San Juan que estaba siendo irradiado y que los estadounidenses utilizan a Puerto Rico como un laboratorio.

Desde los ‘40 hasta la década de los ’90, en Panamá se probó gas mostaza, VX, sarín, cianuro de hidrógeno y otros agentes neurotóxicos. En los primeros experimentos se aplicó las sustancias a los soldados con consecuencias trágicas, en tanto en los años 60 y 70 se hicieron pruebas del agent orange y otros herbicidas tóxicos en las selvas de Panamá, similares a los campos de batalla de Vietnam.

En la invasión a Panamá de 1999, los habitantes de Pacora -en las montañas cercanas a la capital- fueron bombardeados con un agente químico que les quemó la piel, les produjo escozor y les provocó diarreas. El ejército dejó muchos sitios contaminados con residuos de armas químicas, además de numerosos proyectiles que no detonaron. Los experimentos químicos y biológicos “descentralizados” son como el pan de cada día en Cuba. La variedad del mosquito Aedes aegypti, transmisor del virus del dengue hemorrágico, fue desarrollado por especialistas en guerra biológica e introducido en la isla en 1984, según confesó Eduardo Arocena, cabecilla de la organización terrorista Omega 7, en un juicio celebrado en 1984 en EE.UU.

Todo vale en EE.UU.

Los ataques con ántrax perpetrados en EE.UU. en 2002 utilizaron cepas Ames, desarrolladas en laboratorios de Iowa y utilizadas por el Ejército en los ‘60 para fabricar armas virulentas. Los experimentos con el ébola se desarrollaron en el Instituto de Investigación de Enfermedades Infecciosas del Ejército en Fort Detrick (Maryland).

Entre 1942 y 1945, los Servicios de Guerra Química experimentaron el gas mostaza en unos 4.000 militares y en centenares de Adventistas del Séptimo Día que eligieron prestarse como conejillos de india en lugar de servir en el Ejército. El registro de las experimentaciones humanas en EE.UU. podría albergarse en una gran biblioteca.

El servicio de Salud Pública decidió actuar contra el pelagra -una deficiencia de niacina- recién en 1935, después de observar impasible durante 20 años los estragos mortales del mal en la población negra azotada por la pobreza. En 1940, 400 presos de Chicago fueron infectados con malaria, para probar los efectos de nuevas drogas contra esa enfermedad.

El mismo servicio experimentó en los años 30 la sífilis Tuskegee en 200 hombres de la comunidad negra de Macon County, Alabama. Y una vez que comenzó la producción industrial de penicilina tampoco los curó. El SIDA, que apareció en los ’80 entre la población negra de Haití y en algunos países africanos, bien puede ser otro artilugio del arsenal biológico estadounidense. Todo es posible para los líderes de ese gran país.

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U.S. Civil War: The US-Russian Alliance that Saved the Union

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At the point of maximum war danger between Great Britain and the United States, the London satirical publication Punch published a vicious caricature of US President Abraham Lincoln and Russian Tsar Alexander II, demonizing the two friends as bloody oppressors. 

From Punch, October 24, 1863.

 “Who was our friend when the world was our foe.” – 
Oliver Wendell Holmes, 1871

One hundred fifty years after the attack on Fort Sumter, the international strategic dimension of the American Civil War represents a much-neglected aspect of Civil War studies. In offering a survey of some of the main issues involved, one feels required to justify the importance of the topic. It is indeed true that, as things turned out, the international strategic dimension of the 1861-65 conflict was of secondary importance. However, it was an aspect that repeatedly threatened to thrust itself into the center of the war, transforming the entire nature of the conflict and indeed threatening to overturn the entire existing world system. The big issue was always a British-French attack on the United States to preserve the Confederate States of America. This is certainly how Union and Confederate leaders viewed the matter, and how some important people in London, St. Petersburg, Paris, and Berlin did as well.

The result is that today, the international dimension is consistently underestimated: even a writer as sophisticated as Richard Franklin Bensel can repeatedly insist in his recent Yankee Leviathan that the US development over the decade before the Civil War was “acted out in a vacuum,” while asserting that “the relative isolation of the United States on the North American continent contributed to the comparative unimportance of nationalism in American life prior to secession.” [1] Reports of American isolation, however, were already exaggerated in the era of a British fleet that could summer in the Baltic and winter in the Caribbean.

Views of the domestic side of the Civil War have often been colored by the sectional loyalties of the authors. In the diplomatic sphere, the international alignments of 1861-65 have been experienced as something of an embarrassment or aberration by American scholars of the twentieth century, at least partly because they inverted the alliance patterns that emerged after 1900. In 1865, the United States was friendly to Russia and Prussia, and resentful and suspicious in regard to Britain and France, whose governments had sympathized with and supported the Confederacy. The general tendency of US historians in 1915 or 1945 or 1952 seems to have been to put the best possible face on things, or, better yet, turn to another area of inquiry. As the Civil War centennial approached, the historian Allan Nevins addressed this issue rather directly in a chapter of his 1960 “War for the Union”. Here he dramatically evoked the immense worldwide significance of Civil War diplomacy in a fascinating paragraph to which Howard Jones calls attention. Nevins, horrified by the idea of US war with Britain, wrote:

It is hardly too much to say that the future of the world as we know it was at stake. A conflict between Great Britain and America would have crushed all hope of the mutual understanding and growing collaboration which led up to the practical alliance of 1917-18, and the outright alliance which began in 1941. It would have made vastly more difficult if not impossible the coalition which defeated the Central Powers in the First World War, struck down Nazi tyranny in the Second World War, and established the unbreakable front of Western freedom against Communism. Anglo-French intervention in the American conflict would probably have confirmed the splitting and consequent weakening of the United States; might have given French power in Mexico a long lease, with the ruin of the Monroe Doctrine; and would perhaps have led to the Northern conquest of Canada. The forces of political liberalism in the modern world would have received a disastrous setback. No battle, not Gettysburg, not the Wilderness, was more important than the context waged in the diplomatic arena and the forum of public opinion. The popular conception of this contest is at some points erroneous, and at a few grossly fallacious…. (Nevins II, 242)

While Nevins does make the point that these questions are important, he feels that many accounts are unfair to Lord Russell, the British foreign secretary, and to Prime Minister Palmerston. Nevins sees Palmerston as a man of peace, an attitude which is impossible to square with the bellicose imperialist bluster of Lord Pam’s civis romanus suminterventionism. Between about 1848 and 1863, the British Empire was at the aggressive height of its world power, had launched attacks on China, India, and Russia, and in the 1860s was backing Napoleon III’s adventure in Mexico and Spain’s in Santo Domingo, both direct challenges to the US Monroe Doctrine. This is a context which often gets lost. Otherwise, Nevins’ assertion that Britain “did not like other nations to fight” turns reality on its head; the greatest art of the Foreign Office was that of divide and conquer. Finally, Nevins pays no attention to the deterrent effect of Russia’s refusal to countenance any European intervention against the Union.

Like so many other historians, Nevins would seem to have allowed the needs of the Cold War present to shape his view of the past — the tendency against which Sir Herbert Butterfield, long Professor of Modern History at Cambridge, warned in the 1930s when we wrote that “it is part and parcel of the Whig interpretation of history that it studies the past with reference to the present….” [2] In Butterfield’s view, this is a method which “has often been an obstruction to historical understanding because it has been taken to mean the study of the past with direct and perpetual reference to the present….it might be called the historian’s ‘pathetic fallacy.’” (Butterfield 11, 30) The following comments are inspired by the conviction that Union diplomacy was Lincoln’s diplomacy, and that it offers valuable lessons for today.

As far as I have been able to determine, there exists no modern exhaustive study of Civil War diplomacy. Of the books I have seen, D. P. Crook comes closest. Crook’s 1974 work is a very serviceable and reliable survey of the entire topic. Crook naturally places US-British relations at the center of his account, focusing on the three crises when UK and/or French intervention against the Union was threatened: the Trent affair of late 1861-1862; the push for intervention by Lord Russell and Gladstone after Antietam in October-November 1862; and the mid-1863 Laird rams/Polish rebellion flare-up (which Howard Jones, by contrast, omits from consideration). For Crook, Secretary of State Seward is the center of attention on the Union side, rather than Lincoln. But Lincoln repeatedly had to override Seward, as in the case of the Secretary of State’s 1861 reckless “foreign war panacea” proposal for a US war against France and Spain (probably involving Britain as well), which Lincoln wisely rejected in favor of his “one war at a time” policy. Here Bensel is of the opinion that Seward’s proposal “revealed the new secretary of state’s profound awareness of the narrow basis of northern nationalism during the early months of the Lincoln administration.” (Bensel 12n) Another view is that Seward was looking for a means of saving face while permitting the south to secede. Seward’s panacea theory can also be seen as a flight forward, a kind of political nervous breakdown. Crook has almost nothing to say about the pro-Union role of Prussia (which surely dissuaded Napoleon III from greater activism), nor about the Holy See, where Pius IX – who had lost his moorings after having been driven out of Rome by Mazzini in 1849 — was pro-Confederate and highly controversial at the time. He also plays down the central importance of Russia for the Union. As for Napoleon II, Crook follows the misleading tradition of stressing the conflicts and suspicion between Napoleon III and Palmerston while downplaying the fundamental fact that Napoléon le petit (who had once been a British constable) always operated within the confines of a Franco-British alliance in which he provided the bulk of the land forces but was decidedly the junior partner.

In contrast to Lincoln, Confederate President Jefferson Davis took almost no interest in diplomatic affairs. The Confederacy sent envoys to London and Paris, but never bothered to even send a representative to St. Petersburg, which turned out to be the most important capital of all.

The Threat of British Intervention

The two great interlocutors of Union foreign policy were Great Britain and Russia, and the geopolitical vicissitudes of the twentieth century tended to distort perceptions of both, minimizing the importance of both British threat and Russian friendship. Crook, in his valuable bibliographical essay, traces this tendency back to the “Great Rapprochement” between Britain and the US in the early twentieth century. The standard work on US-UK relations, Crook notes, was for many years E. D. Adams’ Great Britain and the American Civil War, which plays down friction between London and Washington, and narrates events “from the meridian of London.” (Crook 381)

The Russia-American Special Relationship that Saved the Union

Adams tells his reader that he does not view his topic as part of American history; rather, he poses for himself the contorted question of “how is the American Civil War to be depicted by historians of Great Britain…?” (Adams I 2) Adams treats the autumn crisis of 1862 as the main danger point of US-UK conflict, writing that “here, and here only, Great Britain voluntarily approached the danger of becoming involved in the American conflict.” (Adams II 34) He pleads for understanding for the much-vituperated British role, recalling that “the great crisis in America was almost equally a crisis in the domestic history of Great Britain itself…,” and providing valuable materials in this regard. (Adams I 2) Adams generally relegates Russo-American diplomacy to the footnotes, mentioning the “extreme friendship” and even the “special relationship” of these two nations. In the North, he notes, Russia was viewed as a “true friend” in contrast to the “unfriendly neutrality” of Great Britain and France. (Adams II, 45n, 70n, 225) But for Adams, the main lesson is that the Anglo-American disputes of the Civil War era have “distorted” the “natural ties of friendship, based upon ties of blood and a common heritage of literature and history and law” which exist or ought to exit between the two countries. Those disputes, he suggests, can be relegated to the category of “bitter and exaggerated memories.” (Adams II 305)

Seward, 1861: A US-UK War Would “Wrap the World in Flames”

Kenneth Bourne’s Britain and the Balance of Power in North America, 1815-1908 provides an effective antidote to such sentimental thinking in the form of a notable chapter (singled out for attention by Crook) on the British planning for war with the United States at the time of the Trent affair in December-January 1861, when Seward threatened to “wrap the world in flames” and the British lion roared in reply. [3] Two Confederate envoys, Mason and Slidell, were taken off the British merchant ship Trent by a US warship as they were sailing to plead the cause of intervention in London and Paris; the London press became hysterical with rage, and the anti-Union group in the cabinet saw their chance to start a transatlantic war. This study draws not only upon the British Admiralty archives in the Public Record Office, but also on the papers of Admiral Sir Alexander Milne in the National Maritime Museum at Greenwich. Bourne depicts the British predicament as their “defenceless” position in Canada, even with the help of the 10,000 additional regular infantry which Palmerston deployed in response to the crisis. (Bourne 211) A recurrent British fear was that their soldiers would desert to the American side, urged on by “crimps.” (Bourne 217). Their Canadian vulnerability, the British thought, encouraged Seward and others to twist the tail of the British lion. The US had the only serious warships on the Great Lakes, British fortifications were weak, Canadian volunteers were scarce, and there were few decent muskets for them. The greatest problem was that the Saint Lawrence River was blocked by ice in winter, preventing re-enforcements from reaching Quebec City by water; the only roads inland went dangerously parallel to the Maine border. Some of the British staff officers had to land in Boston and take the Grand Trunk Railway to Montreal. [4] One is left with the impression that winter ice might have cooled Palmerston’s aggressivity even before Seward’s release of the captured Confederate envoys Mason and Slidell did.

Admiralty Plans to Bombard and Burn Boston and New York

The heart of the British strategy in case of war was “overwhelming naval strength based on a few select fortresses,” especially Bermuda and Halifax (in today’s Nova Scotia). (Bourne 208) British Prime Minister Lord Palmerston dispatched a powerful squadron of eight ships of the line and thirteen frigates and corvettes under Admiral Milne to the western Atlantic, and wanted to use the Great Eastern, the largest ship in the world, as a troop transport. London even considered ways to foment secession in Maine. Bombarding and burning both Boston and New York was actively considered as a contingency; it was concluded that the reduction of Boston would be very difficult because of the channels and forts; New York was seen as more vulnerable, especially to a surprise attack. An Admiralty hydrographer saw New York City as “the true heart of [US] commerce, — the centre of …maritime resources; to strike her would be to paralyse all the limbs.” (Bourne 240)

New US Monitors Deterred the British Fleet

By the time spring of 1862 came, the Monitor had come on the scene, further complicating British intervention. The Royal Navy had ironclads, but they were only usable in deep water. Bourne aptly notes that “the American monitors might have played havoc with any attempt by the older wooden frigates to maintain a close blockade” of Union ports. (Bourne 240) As more vessels of the Monitor type were produced by the US, this aspect of the British predicament became even more acute. The point of detailing these facts here is to suggest the existence of a fascinating array of neglected issues. Crook at least sketches this strategic picture before he falls back on the maudlin tradition that it was the dying Prince Albert who was instrumental in restraining Palmerston’s jingoism and avoiding war. Crook also recognizes that in any warlike denouement to the Trent affair, “world-shaking trading and political alignments would be forged.” (136)

Howard Jones, in his account of Anglo-American relations written just after the Thatcher era and the end of the Cold War, pays very little attention to the salient military aspects of the Atlantic situation. Jones offers a limited and legalistic interpretation of the threat of British intervention. He calls “special attention” to the fact that “the most outspoken opponent” of intervention in the British cabinet was the Secretary for War, George Cornewall Lewis. This role emerged through public speeches and cabinet memoranda issued in the wake of Gladstone’s well-known speech in praise of Jefferson Davis and the Confederacy at Tyneside on October 7, 1862. However, the role of Lewis had already been highlighted at some length by Crook, who classified Lewis as “one of the ‘do-nothing’ school rather than a partisan,” and possibly urged on by Palmerston for invidious reasons. (Crook 233) Jones argues that “the great majority of British interventionists were not malevolent persons who wanted the American republic to commit national suicide so they might further their own ends; they wanted to stop the war for the sake of humanity in general and British textile workers in particular.” (Jones 8 ) It is hard to ascribe such humanitarian motives to a group of politicians who had, according to contemporary accounts, recently shocked the world by their murderous atrocities carried out during the repression of the Sepoy Mutiny in India. Jones regards Lewis’s memoranda more as legal briefs rather than strategic estimates: “Lewis knew that they key person he had to dissuade from intervention was Russell. He also knew that the foreign secretary relied on history and international law to justify his stand and that the only way to undermine his argument for intervention was to appeal to that same history and international law.” (Jones 224) This analysis does not capture what actually went on in the brutal deliberations of the dominant power politicians and imperialists of the age, who were more impressed by American monitors and by Russian infantry divisions than by legalistic niceties or high ideals. Given this emphasis, it is not surprising that Jones has little interest in the Russian aspect of the problem, although he does concede that “Russia’s pro-Union sentiment prevented participation in any policy alien to the Lincoln Administration’s wishes.” (Jones 228)

The Union and Russia

The Russian-British rivalry was of course the central antagonism of European history after the Napoleonic era, and the Russian attitude towards London coincided with the traditional American resentment against the former colonial power. Benjamin Platt Thomas’s older study shows that the US-Russian convergence became decisive during the Crimean War; while Britain, France and the Ottoman Empire attacked Russia, the United States was ostentatiously friendly to the court of St. Petersburg. He depicts Russian minister to Washington Éduard de Stoeckl as a diplomat “whose sole aim was to nurture the chronic anti-British feeling in the United States.” (Thomas 111) According to Thomas, Stoeckl succeeded so well that there was even a perceptible chance that the United States might enter the Crimean War on the Russian side. The US press and public were all on the side of Russia, and hostile to the Anglo-French, to the chagrin of the erratic US President Pierce (who had been close to Admiralty agent Giuseppe Mazzini’s pro-British Young America organization) and the doughface politician James Buchanan. The latter, at that time US envoy to London, embraced the British view of the Tsar as “the Despot.” (Thomas 117) Thomas finds that “the Crimean War undoubtedly proved the wisdom of Russia’s policy of cultivating American friendship, and in fact, drew the two nations closer together.” (Thomas 120) But Thomas glosses over some of the more important US-UK frictions during this phase, which included British army recruiting in the US, and the ejection of the British ambassador as persona non grata. (Thomas 120)

Turning to the conflict of 1861-65, Thomas points out that “in the first two years of the war, when its outcome was still highly uncertain, the attitude of Russia was a potent factor in preventing Great Britain and France from adopting a policy of aggressive intervention.” (Thomas 129) He shows that the proposed British-French interference promoted by Lord Russell, the Foreign Secretary, in October 1862 was “deterred at this time mainly” by the Russian attitude, and cites Russell’s note to Palmerston concluding that Britain “ought not to move at present without Russia.” [5] (Thomas 132)

The critical importance of Russian help in deterring the British and Napoleon III as well is borne out by a closer analysis. As early as 1861, Russia alerted the Lincoln government to the machinations of Napoleon III, who was already scheming to promote a joint UK-France-Russia intervention in favor of the Confederacy. [6] As Henry Adams, the son and private secretary of US Ambassador to London Charles Francis Adams, sums up the strategic situation during Lee’s first invasion of Maryland, on the eve of the Battle of Antietam: These were the terms of this singular problem as they presented themselves to the student of diplomacy in 1862: Palmerston, on September 14, under the impression that the President was about to be driven from Washington and the Army of the Potomac dispersed, suggested to Russell that in such a case, intervention might be feasible. Russell instantly answered that, in any case, he wanted to intervene and should call a Cabinet for the purpose. Palmerston hesitated; Russell insisted….” [7]

On September 22, 1862, Lincoln used the Confederate repulse at Antietam to issue a warning that slavery would be abolished in areas still engaged in rebellion against the United States on January 1, 1863. The Russian Tsar Alexander II had liberated the 23 million serfs of the Russian Empire in 1861, so this underlined the nature of the US-Russian convergence as a force for human freedom. This imminent Emancipation Proclamation was also an important political factor in slowing Anglo-French meddling, but it would not have been decisive by itself. The British cabinet, as Seward had predicted, regarded emancipation as an act of desperation. The London Timesaccused Lincoln in lurid and racist terms of wanting to provoke a slave rebellion and a race war,

Gladstone’s Open Hostility to the United States, October 7, 1862

On October 7, 1862, despite the news that the Confederates had been repulsed at Antietam, the British Chancellor of the Exchequer William Gladstone, who spoke for Lord John Russell, pressed for British intervention against the Union and on the side of the Confederacy in a speech at Tyneside, saying: “. . . We know quite well that the people of the Northern States have not yet drunk of the cup [of defeat and partition] — they are still trying to hold it far from their lips — which all the rest of the world see they nevertheless must drink of. We may have our own opinions about slavery; we may be for or against the South; but there is no doubt that Jefferson Davis and other leaders of the South have made an army; they are making, it appears, a navy; and they have made, what is more than either, they have made a nation… We may anticipate with certainty the success of the Southern States so far as regards their separation from the North”. [8]

It was practically a declaration of war against the Lincoln government, and it also contained a lie, since Gladstone knew better than most that the only navy the Confederacy ever had was the one provided with British connivance.

On October 13, 1862 Lord John Russell called a meeting of the British cabinet for October 23, with the top agenda item being a deliberation on the “duty of Europe to ask both parties, in the most friendly and conciliatory terms, to agree to a suspension of arms.” [9] Russell wanted an ultimatum to Washington and Richmond for an armistice or cease-fire, followed by a lifting of the Union blockade of southern ports, followed then by negotiations leading to Washington’s recognition of the CSA as an independent state. If the Union refused, then Britain would recognize the CSA and in all probability begin military cooperation with the Confederates.

US Ambassador Charles Francis Adams asked Russell in advance of the October 23 cabinet meeting what he had in mind. As his son and private secretary Henry Adams recounts, “On October 23, Russell assured Adams that no change in policy was now proposed. On the same day he had proposed it, and was voted down.” Henry Adams was doubtless correct in his impression that “every act of Russell, from April, 1861, to November, 1862, showed the clearest determination to break up the Union.” [10]

At this point, Napoleon III of France invited London to join him in a move against the Union. According to Adams’ memoir, “Instantly Napoleon III appeared as the ally of Russell and Gladstone with a proposition which had no sense except as a bribe to Palmerston to replace America, from pole to pole, in her old dependence on Europe, and to replace England in her old sovereignty of the seas, if Palmerston would support France in Mexico…. The only resolute, vehement, conscientious champion of Russell, Napoleon III, and Jefferson Davis was Gladstone.” [11] Napoleon III had conferred with the Confederate envoy Slidell and proposed that France, England, and Russia impose a six-month armistice on the US and CSA. Napoleon III believed that if Lincoln did not accept his intrusion, this would provide a pretext for Anglo-French recognition of the CSA, followed by military intervention against the Union. [12] There was no real hope of getting pro-Union Russia to join such an initiative, and the reason Napoleon III included Russia was merely as camouflage to cloak the fact that the whole enterprise was a hostile act against Washington.

Russia Rejects the Anglo-French Intrigues for Interference

The clouds of world war gathered densely over the planet. Russell and Gladstone, now joined by Napoleon III, continued to demand aggressive meddling in US affairs. This outcome was avoided because of British and French fears of what Russia might do if the continued to launch bellicose gestures against the Union. On October 29, 1862 there occurred in St. Petersburg an extremely cordial meeting of Russian Foreign Minister Gortchakov with US chargé d’affaires Bayard Taylor, which was marked by a formal Russian pledge never to move against the US, and to oppose any attempt by other powers to do so. Taylor reported these comments by Gortchakov to the State Department: “You know the sentiments of Russia. We desire above all things the maintenance of the American Union as one indivisible nation. We cannot take any part, more than we have done. We have no hostility to the Southern people. Russia has declared her position and will maintain it. There will be proposals of intervention [by Britain and France]. We believe that intervention could do no good at present. Proposals will be made to Russia to join some plan of interference. She will refuse any intervention of the kind. Russia will occupy the same ground as at the beginning of the struggle. You may rely upon it, she will not change. But we entreat you to settle the difficulty. I cannot express to you how profound an anxiety we feel — how serious are our fears.” [13]

The Journal de St. Petersbourg, the official gazette of the Tsarist government, denounced the Anglo-French intervention plan against the US, which had been inspired by Russell. This article helped prevent a wider war: the British cabinet, informed of the Russian attitude by telegraph, voted down Russell’s aggressive project. Russell made his last bid to swing the British cabinet in favor of a policy of interference together with Napoleon III against the Union on November 12, 1862, but he was unable to carry the day, and this turned out to be his last chance for the year.

Seward thought that if the Anglo-French were to assail the Union, they would soon find themselves at war with Russia as well. He wrote to John Bigelow early in the war: “I have a belief that the European State, whichever one it may be, that commits itself to intervention anywhere in North America, will sooner or later fetch up in the arms of a native of an oriental country not especially distinguished for amiability of manners or temper.” (Thomas 128)

Adams to Russell: Superfluous to Point Out this Means War

The summer of 1863, despite the news of Gettysburg and Vicksburg, was marked by another close brush with US-UK war. It was on September 5, 1863 that US Ambassador Charles Francis Adams told Lord Russell that if the Laird rams – powerful ironclad warships capable of breaking the Union blockade which were then under construction in England — were allowed to leave port, “It would be superfluous in me to point out to your Lordship that this is war.” [14] Lord Russell had to pause, and then backed off entirely. The Laird rams were put under surveillance by the British government on September 9, and finally seized by the British government in mid-October, 1863. (Adams II 147) They never fought for the Confederacy.

A revolt against Russian domination of Poland, incited by the British, started in 1863 and lasted into late 1864. Crook points out that it was Lord Russell who told Lord Lyons in March 1863 that the Polish issue had the potential to create a Russo-American common front and thus revolutionize world power relations, evidently to the detriment of London. (Crook 285) Such a prophecy was coherent with the then -fashionable ideas of de Tocqueville about Russia and America as the two great powers of the future.

The Russian Fleets in New York and San Francisco

The most dramatic gestures of cooperation between the Russian Empire and the United States came in the autumn of 1863, as the Laird rams crisis hung in the balance. On September 24, the Russian Baltic fleet began to arrive in New York harbor. On October 12, the Russian Far East fleet began to arrive in San Francisco. The Russians, judging that they were on the verge of war with Britain and France over the British-fomented Polish insurrection of 1863, had taken this measure to prevent their ships from being bottled up in their home ports by the superior British fleet. These ships were also the tokens of the vast Russian land armies that could be thrown in the scales on a number of fronts, including the northwest frontier of India; the British had long been worried about such an eventuality. In mid-July 1863, French Foreign Minister Droun de Lhuys was offering London the joint occupation of Poland by means of invasion. But the experience of the Confederate commerce raiders had graphically illustrated just how effective even a limited number of warships could be when they turned to commerce raiding, which is what the Russian naval commanders had been ordered to do in case of hostilities. The Russian admirals had also been told that, if the US and Russia were to find themselves at war with Britain and France, the Russian ships should place themselves under Lincoln’s command and operate in synergy with the US Navy against the common enemies. It is thus highly significant that the Russian ships were sent to the United States.

US Navy Secretary Gideon Welles: “God Bless the Russians”

Coming on the heels of the bloody Union reverse at Chickamauga, the news of the Russian fleet unleashed an immense wave of euphoria in the North. It was this moment that inspired the later verses of Oliver Wendell Holmes, one of the most popular writers in America, for the 1871 friendship visit of the Russian Grand Duke Alexis:

Bleak are our shores with the blasts of December, Fettered and chill is the rivulet’s flow; Thrilling and warm are the hearts that remember Who was our friend when the world was our foe. Fires of the North in eternal communion, Blend your broad flashes with evening’s bright star; God bless the Empire that loves the Great Union Strength to her people! Long life to the Czar! [15]

The Russians, as Clay reported to Seward and Lincoln, were delighted in turn by the celebration of their fleets, which stayed in American waters for over six months as the Polish revolt was quelled. The Russian officers were lionized and feted, and had their pictures taken by the famous New York photographer Matthew Brady. When an attack on San Francisco by the Confederate cruiser Shenandoah seemed to be imminent, the Russian admiral there gave orders to his ships to defend the city if necessary. There were no major Union warships on the scene, so Russia was about to fight for the United States. In the event, the Confederate raider did not attack. Soon after the war, Russia sold Alaska to the United States, in part because they felt that an influx of Americans searching for gold was inevitable, and in part to keep the British from seizing control of this vast region. Lincoln’s Secretary of the Navy Gideon Welles wrote in his diary, “The Russian fleet has come out of the Baltic and is now in New York, or a large number of the vessels have arrived…. In sending them to this country at this time there is something significant.” Welles was fully justified in his famous concluding words, “God bless the Russians!” [16]

This exceedingly cordial Russo-American friendship set the tone of much nineteenth-century historiography; Thomas indicates that a darker view of Russian motivation began to be heard around 1915 with the work of Professor Frank A. Golder, who emphasized that the Russians were only following their own national interests. [17] According to Thomas, it was “not until Professor Golder published the result of his researches that the matter was finally cleared up and those who were less gullible were found to be correct.” (Thomas 138) Surely no one needs to be reminded that great nations defend their national interests. Disinterested philanthropists are admittedly rare in foreign ministries. However, when the interests converge, alliance de jureor de facto may result, and these can have far-reaching significance. During the American Civil War, the Russian attitude was the most powerful outside factor deterring Anglo-French interference. The need of Russia to prepare its own defenses during the Polish crisis of 1863 was perfectly legitimate and a secret to no one. Nevertheless, Thomas feels compelled to harp repeatedly on point that “the policy of Russia was dictated solely by self-interest.” (Thomas 127)

For Crook, the visiting squadrons were not a fleet, but a “fleet,” and a “not very seaworthy” one at that. In his view, the entire matter can be written off as “popular hysteria” and “folklore”. (Crook 317) The attempt to play down the Russian angle is evident. When Simon Cameron is sent to St. Petersburg as US Ambassador, Woldman and others can see nothing in this but an “exile in Siberia.” (Woldman 115) Another favorite target is Cassius Clay, the very capable US Ambassador to Russia for most of the Civil War (apart from the brief Simon Cameron interlude). Crook retails Bayard Taylor’s crack to Horace Greeley that Clay was “better suited to the meridian of Kentucky than of St. Petersburg.” (Crook 44) In reality, St. Petersburg was on a par with London as one of the two most sensitive and important diplomatic posts the Union had. Cassius Clay, who called himself a “remote relative” of Lincoln’s great American System mentor Henry Clay, was a distinguished American diplomat who played a critical role in saving the Union. Another important US diplomat of the time was the Bostonian John Lothrop Motley, who became a friend of the future Prussian leader Otto von Bismarck while studying at the University of Goettingen. Motley served in US legation in St. Petersburg and from 1861-1867 as the US minister to the Austrian Empire, and later wrote an important biography of Oldenbarneveld, the father of the Dutch Republic, and other studies of Dutch history.

Woldman, at the height of the Cold War, devoted an entire book to denigrating the importance of the US-Russian entente cordiale and of the Russian fleet in particular. In addition to Golder, he cites Professor E. A. Adamov as a key precursor of his views. [18] For Woldman, the Russia of 1863 was already an international pariah, “the most hated nation in Europe,” whose policy reflected “no concern or friendship for the United States.” At the hands of Woldman, the well-established Russo-American amity of the 1850s, 1860s, and beyond is reduced to a “myth.” (Woldman, 156-7) This is not history, but propaganda laced with bile.

Russian friendship provided an economic as well as a military brake on the Anglo-French. Statistics provided by Crook show that in 1861-64, the US and Russia together provided more half or more of all Britain’s wheat imports (16.3 million cwt out of a total of 30.8 in 1863). In case of war with either the US and Russia (and a fortiori in case of war with both), the British would have faced astronomical bread prices, insufficient supply, and an overall situation of famine which would have been conducive to serious internal revolt against the privileged classes — all in all a situation which aristocrats and oligarchs like Palmerston, Russell and Gladstone had to think twice about courting. King Wheat was therefore more powerful than King Cotton. [19]

Confederate commerce raiders built and fitted out with the help of the British had a devastating and long-lasting effect. As Chester Hearn details, Confederate raiders fitted out in Europe, including the Alabama, Shenandoah, and Florida, destroyed 110,000 tons of US merchant shipping, and were factors in the transfer of 800,000 tons to foreign registry, thus partially crippling the merchant marine of the North over decades. [20] On July 11, 1863 Adams indicted London for “active malevolence” on the question of the Laird rams, which were ironclad battleships capable of breaking the blockade; as noted, on September 5 he told Foreign Secretary John Russell, “It would be superfluous in me to point out to your Lordship that this is war.” (Crook 324, 326) Forty years later, Henry Adams remained “disconcerted that Russell should indignantly and with growing energy, to his dying day, deny and resent the axiom of [US Ambassador] Adams’s whole contention, that from the first he meant to break up the Union. [21]

Any international history must tackle the question of the effectiveness of the Union blockade of Southern ports. Crook does a workmanlike job of refuting the Owsley thesis that the blockade was not effective. He reminds us that the statistics used by Owsley and Marcus W. Price are far from conclusive. Crook suggests that the aggregate tonnages of successful blockade runners need to be examined rather than simply the number of ships getting through, since blockade runners were designed to sacrifice cargo capacity for speed. He notes that many successful runs took place during the first year of the war, “before the cordon tightened.” (Crook 174) Many successful runs counted by Price were actually coastwise traders bound for other parts of the Confederacy. “More realistic,” Crook sums up, “would be an attempt to compare wartime clearances with pre-war figures.” (Crook 174) Using Price’s figures for South Carolina, Crook suggests that the blockade may have cut the number of ships leaving the ports of that state by one half during the first year of the war, and by almost two thirds over 1862-1865. Crook’s finding is that “modern naval opinion is inclined to the broad view that the blockade achieved its major objectives by scaring off a potentially massive trade with the south.” (Crook 174)

The British Working Class

A controversial issue linked to Britain’s failure to intervene on the side of the Confederacy involves the attitude of the British working classes, and the role of working class resistance in deterring the Palmerston government from taking action against the US. The traditional view, reflected during the war by contemporaries from President Lincoln to Karl Marx, is that the textile workers of Lancashire, despite the privations imposed on them by the cutoff of southern cotton deliveries, nevertheless heroically supported the Union, especially once it had become clear that this was the anti-slavery cause. This attitude by the British workers was another factor in dissuading Palmerston from pursuing armed intervention. [22]

Owsley, in his King Cotton Diplomacy, mocks any notion that the British working class might have influenced the London cabinet in any way, writing contemptuously that “the population of Lancashire and of all industrial England was politically apathetic, sodden, ignorant, and docile, with the exception of a few intelligent and earnest leaders. They wanted bread, they wanted clothes, they needed medicines to give their sick children and aged parents, they wanted pretty clothing for their daughters and sisters who were being forced into prostitution.” (Owsley 545-6) But on this point as well, Owsley is blinded by class prejudice and is thus highly vulnerable.

Philip Foner provides a useful summary of this issue in his 1981 British Labor and the American Civil War. Foner starts from the acknowledged fact that the British aristocracy was pro-Confederate. Free traders like Cobden and Bright were momentarily antagonized by the Union’s highly protectionist Morrill Tariff of February 1861 (passed the instant the southerners had left the Congress); the Liberals in general were split. But this leaves out the working classes altogether, who remained disenfranchised and alienated from the party structures. He takes issue with the school of writers who claim that British labor was actually sympathetic to the Confederacy. Foner dates the attempt to revise the traditional view of British labor as pro-Union especially from a 1957 article by Royden Harrison of the University of Warwick, which argued that the older thesis was a “legend”; Harrison based his view on an analysis of the labor press, where he discovered that “working-class newspapers and journals were, on the whole, hostile to the Federals” both before and after the Emancipation Proclamation. [23] (Foner 15) Harrison adduced evidence from such papers as Reynolds’ News and the Bee-Hive, which were sympathetic to the Confederacy. Foner calls special attention to a second article by Harrison, published four years later, which seemed to repudiate much of the first article. Writing in 1961, Harrison found that “from the end of 1862, there is overwhelming evidence to support the view that the great majority of politically conscious workmen were pro-Federal and firmly united to oppose war.” [24] Foner points out that subsequent historians have often cited Harrison’s first article while ignoring his subsequent retractions and qualifications. In Foner’s view, the “apex of revisionist historiography” on this issue came in 1973 with the appearance of Mary Ellison’s Support for Secession: Lancashire and the American Civil War, with an epilogue by Peter d’A. Jones. [25] Ellison’s conclusion was that the workers of the Lancashire textile mills were pro-Southern, suspicious of Lincoln, and adamant for British action to break the Union blockade and save the Confederacy. Peter d’A. Jones seconded her efforts, dismissing the older view as (yet another) “myth.” Foner criticizes Ellison’s handling of the evidence in blunt terms. “Ellison’s methodology in proving her thesis is simplicity personified,” writes Foner. “It is to assert repeatedly that pro-Northern meetings were contrived, while pro-Southern gatherings were spontaneous.” (Foner 20) For Foner, pro-Confederate sentiment was limited to certain limited types of labor functionaries and to newspaper publishers, who were sometimes suspected of being on the Confederate payroll. Foner shows how the pro-Union agitation, in which British intelligence asset Karl Marx had to participate to keep any credibility along the workers of England and the continent, eventually lead to the extension of the British franchise through the Reform Bill of 1867.

More recent research would seem to decide this controversy in favor of Foner and the traditional view. R. J. M. Blackett of the University of Houston published an extensive study of how the British public viewed the American conflict, with significant attention for the problem of working class attitudes. Blackett’s study is largely based on the British press, from the London Times to the Bee-Hive to the Confederate-controlled Index. The result is a detailed analysis which in some ways approximates the methods of social history, albeit in regard to a distinctly political topic. Blackett’s title, Divided Hearts, relates to his finding that British society as a whole split over the Civil War. “The Tories were with the Confederacy, so too were the Whigs, but among Liberals there were deep divisions, enough to undermine the unity and strength of the party.” (Blackett 11) After some initial hesitation, Cobden and Bright took up the cudgels for the Union. Free traders were alienated by the Morrill tariff, while abolitionists were unhappy with Lincoln, especially until the end of 1862. British Garrisonians split over whether the Union was worth saving. There was a crisis in the British anti-slavery movement over whether they had lost their old vim of the West Indies abolition era. Literary men like Trollope endorsed the government in Richmond, and Thomas Carlyle’s racism made him a CSA sympathizer; others backed the Union. Chartists split, with Ernest Jones supporting the Union, while most Chartist leaders favored the South. The Church of England went with the South, while Dissenting ministers favored the North. Quakers divided over whether slavery could be extirpated by violence. The overall impression is that the American war stimulated an active politicization which the privileged orders could hardly have welcomed.

Confederate and Union agents were active in Britain, Blackett shows. The Confederate factotum was James Spence, an indefatigable activist who wrote articles, set up organizations, hired speakers, and bribed journalists. Spence was the author of The American Union, a best-selling apology for the Confederacy. Spence’s prize recruit was Joseph Barker, who enjoyed the confidence of working class audiences because of his earlier agitation for working-class causes. Among the elite, a leading pro-Confederate was A. J. B. Beresford-Hope, the brother in law of Lord Robert Cecil of the celebrated and influential political clan, which was itself anti-Union. An energetic Confederate agent was Henry Hotze, who published the pro-Confederate weekly, the Index. Pro-Confederate organizations included the Society for Promoting the Cessation of Hostilities in America, the Southern Independence Association, the Liverpool Southern Club, the Manchester Southern Club, and others.

The pro-Lincoln operative Thurlow Weed provided money and encouragement for friends of the North during a visit early in the war. On the Union side, there were working-class activists like George Thompson. Black Americans like Frederick Douglass, William Andrew Jackson (the former coachman of Jefferson Davis), J. Sella Martin, and others (Blackett provides a detailed list) were highly effective as lecturers on the Union side. They were joined by Henry Ward Beecher and other touring lecturers. Ambassador Charles Francis Adams restricted his own activity to the diplomatic sphere, but encouraged his consuls to become very active on the political front. Among the pro-Union groups were counted the Union and Emancipation Society, the British and Foreign Anti-Slavery Society, and more. Blackett describes the way the contending forces attempted to operate through public meetings and resolutions, using tactics that including packing the podium, fixing the agenda, deceptively worded resolutions, parliamentary maneuvers, rump sessions, goons, and intimidation. These meetings and the resolutions they passed were regarded as being of great political importance. Blackett notes that “Lincoln was so concerned that these resolutions express the right sentiment that he crafted and had sent to Charles Sumner for transmission to John Bright a set of resolutions that could be adopted by public meetings in Britain.” (Blackett 209) Jefferson Davis, by contrast, took no personal interest in such mass organizing.

Part of Blackett’s project is to evaluate the Ellison revisionist thesis. He tests Ellison’s assertions of pro-Confederate sentiment in representative towns like Ashton and Stalybridge, and finds that “distress did not drive the towns’ textile workers to declare in favor of an independent Confederacy.” (Blackett 175) Blackett’s survey of meetings further concludes that “if public gatherings can be used to measure levels of activity and support, then over the country as a whole the Confederacy was at a distinct disadvantage.” (Blackett 198) Even in the textile mill towns of Lancashire, Blackett finds substantial support for the Union. He concludes that “if…the adoption of resolutions are [sic] reasonably accurate indicators of levels of support, then it appears that Ellison has exaggerated the degree to which meetings in Lancashire voted in support of the Confederacy.” And if “in Lancashire the opposing forces seem to be equally divided, the rest of the country voted overwhelmingly in favor of the Union…All the indications are that…even in Lancashire, where Spence and his co-workers had hoped to exploit the crisis to rally support for the Confederacy, the friends of the Union carried the day.” (Blackett 210-212)

Charles Francis Adams wrote to Seward on June 9, 1864 that the British aristocracy was hostile to the Union because “of the fear of the spread of democratic feeling at home in the event of our success.” (Adams II 300) The Civil War awakened the British working class to the degree that Bright in 1866 was able to convince Gladstone that at least part of the urban working class had to be given the vote. Through interaction with Disraeli, the Reform Bill of 1867 was passed; the reactionary romantic Carlyle complained that this was “shooting Niagara.” Foner shows that the measure was due in large part to the agitations unleashed by American events. The formation of the federation of Canada in 1867 was another postwar result.

Crook, to his credit, grapples with the issue of why the Union never attempted after 1865 to use its preponderant power to settle scores with the European powers who had proven hostile, especially Britain. He writes that “one of the puzzles of Civil War history is to explain why the immense anger generated against foreign foes during the war was not translated into expansionist revenge after Appomattox.” (Crook 361) Grant’s and Sherman’s armies were the most effective in the world, and Gideon Welles’ navy was at least among the top three, and most likely preponderant on the coasts of Canada, Mexico, and Cuba, the likely sites of northern revanche. Foner sees a brush with transatlantic war in 1869-70, before the British finally agreed to pay the Union’s claims for damages to compensate the depredations of the Alabama and the other CSA commerce raiders built by the British. But Lincoln had promised an exhausted nation an end to warfare, and this proved to be the last word.

The British government and aristocracy wanted to split the Union; as long as the Confederates were winning successes on the battlefield, they felt they could bide their time as the US further weakened, thus facilitating intervention if required. The twin Confederate disasters of Gettysburg and Vicksburg on July 3-4, 1863 came as a rapid and stunning reverse, and the arrival of the Russian fleets that same summer on both US coasts radically escalated the costs of Anglo-French military meddling. Shortly thereafter, the Danish War of 1864 placed Bismarck’s moves towards German unification at the center of the European and world stage, making it even less likely that the British could tie their own hands by a risky strike against the Union. At the same time, Bismarck’s growing activism made Napoleon III – fearing the Prussian threat — less and less likely to denude his eastern border of troops in order to employ them for intervention in the New World. These factors, and not the moderation or humanitarianism of Palmerston, Russell, or Gladstone, prevented an Anglo-French attack on the United States and, quite possibly, on Russia.

If the British had attacked the United States during the Civil War, this move might well have ushered in a world war in which the United States, Russia, Prussia and perhaps Italy would have been arrayed against Great Britain, France, Spain, and perhaps the Portuguese and Austrian Empires. There is reason to believe that the US-Russia-Prussia coalition would have prevailed. This war might have destroyed the British, French, Spanish, and Portuguese colonial empires almost a century early, and would have made the later creation of the triple entente of Britain, France, and Russia by British King Edward VII impossible. World War I would have taken place during the 1860s rather than half a century later. Fascism and communism might not have occurred in the form they did. As it was, Lincoln fell victim to an assassination plot in which British intelligence, through Canada and other channels, played an important role. Alexander II was killed in 1881 by Russian terrorists of the London-centered post-Bakunin anarchist networks.

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Bibliography

- Adams, Ephraim Douglas. Great Britain and the American Civil War. London: Longmans, Green, 1925. 2 vols.
- Bensel, Richard Franklin. Yankee Leviathan: The Origins of Central State Authority in America, 1859-1877. New York: Cambridge University Press, 1990.
- Blackburn, George M. French Newspaper Opinion and the American Civil War. Westport CN: Greenwood, 1997.
- Blackett, R. J. M. Divided Hearts: Britain and the American Civil War. Baton Rouge: Louisiana State University Press, 2001.
- Bourne, Kenneth. Britain and the Balance of Power in North America 1815-1908. Berkeley: University of California Press, 1967.
- Callahan, James Morton. The Diplomatic History of the Southern Confederacy. Baltimore: Johns Hopkins, 1901; reprint New York: Greenwood, 1968.
- Clay, Cassius. The Life of Cassius Marcellus Clay. New York: Negro Universities Press, 1969.
- Crook, D. P. The North, the South, and the Powers 1861-1865. New York: John Wiley, 1974.
- Foner, Philip S. British Labor and the American Civil War. New York: Holmes and Meier, 1981.
- Hearn, Chester G. Gray Raiders of the Sea How Eight Confederate Warships Destroyed the Union’s High Seas Commerce. Camden ME: International Marine Publishing, 1992.
- Jones, Howard. Union in Peril: The Crisis Over British Intervention in the Civil War. Chapel Hill: University of North Carolina Press, 1992.
- Nevins, Allan. The War for the Union. New York: Scribner, 1960. 2 vols.
- Owsley, Frank Lawrence. King Cotton Diplomacy: Foreign Relations of the Confederate States of America. Chicago: University of Chicago Press, 1959. Second edition.
- Thomas, Benjamin Platt. Russo-American Relations 1815-1867. Baltimore: Johns Hopkins Press, 1930.
- Woldman, Albert A. Lincoln and the Russians. Cleveland: World Publishing, 1952.

The Passetto: Escape Route of Popes in Times Past

inside-the-Passetto

The Passetto di Borgo (also known simply as the Passetto, which may be translated as a small passage) is a corridor that connects the Vatican City, more specifically St. Peter’s Basilica, with the Castel Sant’ Angelo. This passageway is found on top of the old Vatican wall, and was used by the popes as a secret escape route in times of trouble. One of the most well-known incidents when the Passetto was used happened in 1527, when Rome was sacked, and the pope, Clement VII, was forced to flee from his residence to the safety of the Castel Sant’ Angelo via this secret passageway.

Old Wall

The walls on which the Passetto was built on is said to date back to the second half of the 6th century AD. In 576, the king of the Ostrogoths, Totila, had taken Rome, and decided to build a low wall by the tomb of Hadrian, linking it to the city walls built by Aurelian three centuries before. Additionally, the tomb was transformed into a fortress. This ancient wall, however, crumbled shortly after, and only a few stone blocks of this structure has survived till this day.

Totila razes the walls of Florence: illumination from the Chigi ms of Villani's Cronica.

Totila razes the walls of Florence: illumination from the Chigi ms of Villani’s Cronica. (Public Domain)

New Wall

Construction of a new wall began following the coronation of Charlemagne as Emperor by Pope Leo III in 800 AD. As Rome was considered the religious capital of his empire, Charlemagne ordered that a wall be built to defend the tomb of St. Peter. It seems that this wall too did not last long, as the people of Rome tore it down shortly after the death of Leo III in 816. The people of the city were fearful that should the Castel Sant’ Angelo be turned into a new center of power under the rule of the pope and the emperor, Rome’s autonomy would be eroded.

The Passetto.

The Passetto. Photo source: (Public Domain)

As St. Peter’s Basilica lacked a defensive wall, it was easily attacked by Saracen pirates on two occasions, the first being in 830, whilst the second took place 16 years later. By comparison, the rest of Rome was effectively protected from the pirates by the walls built by Aurelian. As a result of these attacks, Pope Leo IV, who is claimed to have been urged by the emperor, Lothair I, had a defensive wall built around the basilica and its grounds around 850. This wall measured about 3 km (1.8 mi) in length, and had 44 towers.

The view from Castel Sant'Angelo towards Vatican City where the wall can be seen.

The view from Castel Sant’Angelo towards Vatican City where the wall can be seen. (CC BY 3.0)

Permanent Wall Connections

The Passetto was not part of Leo IV’s design, and was a later addition. It was in 1377, after the popes’ return to Rome following their self-exile in Avignon, France, that the idea of the Passetto was conceived. The popes realized that a connection between their residence and the Castel Sant’ Angelo was important, should they need to flee to safety.

Castel Sant’Angelo from the bridge. The top statue depicts the angel from whom the building derives its name. (CC BY-SA 4.0)

Thus, it was Pope Nicholas III, who reigned between 1277 and 1280, who had the first walkway built on top of the portion of the wall that connected St. Peter’s Basilica and the Castel Sant’ Angelo. Some further alterations were carried out by Pope Alexander VI towards the end of the 15th century.

Pope Nicholas III Cameo

Pope Nicholas III Cameo (Public Domain)

Sack of Rome

The Passetto was most famously used by Pope Clement VII when Rome was sacked in 1527. On May 6 of that year, the landsknecht, who were German mercenaries, entered and sacked Rome. These mercenaries were based in the north of Italy, and were threatening mutiny due to a lack of provisions and pay.

Sebastiano del Piombo (Italian) - Pope Clement VII.

Sebastiano del Piombo (Italian) – Pope Clement VII. (Public Domain)

Although a sum of 100,000 ducats was paid, the landsknecht nevertheless marched against Rome. They arrived before the city walls on the 5th of May, which were left almost undefended, as an attack from this army was not expected. For eight days, Rome was sacked. The pope, however, survived, as he was led by the Swiss Guard across the Passetto to the safety of the Castel Sant’ Angelo. Of the 189 Swiss Guards on duty that day, only 42 survived.

Sack of Rome of 1527.

Sack of Rome of 1527. (Public Domain)

The Passetto Today

In the following centuries, the Passetto was neither used by the popes, nor opened to visitors. Nevertheless, the Swiss Guards always kept a key ready for the pope, in the event of an emergency. In 2000, the Passetto was renovated and temporarily reopened, in honor of the Jubilee Year. Today, the Passetto is open to visitors for a limited time each summer.

The southern side of the "Passetto" seen from the Borgo S. Angelo.

The southern side of the “Passetto” seen from the Borgo S. Angelo. (Public Domain)

As most of the passageway is said to have become unsteady and insecure over the centuries, only small groups are allowed to visit, and such visits have to be booked in advance.

Featured image: View of inside the Passetto, the secret passage between Vatican City and Castel Sant’Angelo in Rome, Italy. (CC BY-SA 3.0)

 

References

Atlas Obscura, 2016. Passetto di Borgo. [Online]
Available at: http://www.atlasobscura.com/places/passetto-di-borgo

roma.andreapollett.com, 2016. The Passetto. [Online]
Available at: http://roma.andreapollett.com/S1/roma-c7.htm

Thurston, H., 1908. Pope Clement VII. [Online]
Available at: http://www.newadvent.org/cathen/04024a.htm

www.romereports.com, 2009. The Passetto di Borgo, secret passageway of the popes. [Online]
Available at: http://www.romereports.com/2009/07/27/the-passetto-di-borgo-secret-passageway-of-the-popes

Peligros de radiación 5G: 11 razones para preocuparse

 

Nos guste o no nos estamos moviendo rápidamente en el mundo de las telecomunicaciones celulares 5G o 5ta generación.

¿Por qué?

Debido a que los anchos de banda de frecuencia utilizados actualmente por teléfonos celulares y tecnologías similares se están saturando.

Y también porque vivimos en un mundo donde la gente quiere más. 5G, y el Internet de las cosas (IoT) que lo acompaña, promete darnos más.

Pero más que?

Velocidades de descarga súper rápidas

5G te prometen conectarnos en nuestros hogares, escuelas, lugares de trabajo, ciudades, parques y espacios abiertos a más de un billón de objetos en todo el mundo. Promete automóviles que conducen por sí mismos, lavadoras que piden su propio detergente y suavizante y, por supuesto, descargas y transmisión súper rápidas.

Según Fortune.com 5G admitirá al menos 100 mil millones de dispositivos y será de 10 a 100 veces más rápido que la tecnología 4G actual.

(4G ya era aproximadamente 10 veces más rápido que 3G).

 ¿Qué es 5G?

5G ofrece capacidades de datos alucinantes, volúmenes de llamadas prácticamente ilimitados y transmisión de datos casi infinita. Hace esto por 5G utilizando ancho de banda en gran medida sin explotar de la onda milimétrica (MMW), que está entre 30 GHz y 300 GHz, así como algunas frecuencias de rango bajo y medio.

Esta tabla compara las diferentes generaciones de tecnologías móviles

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Hay otras características de 5G que debes tener en cuenta:

Antenas celulares inalámbricas en abundancia

Las ondas milimétricas (MMW) no viajan bien a través de los edificios y tienden a ser absorbidas por la lluvia y las plantas. Esto interfiere con la señal. Además, las ondas de alta frecuencia como los MMW también tienen longitudes de onda mucho más cortas que no pueden viajar muy lejos.

Para contrarrestar este problema, 5G utilizará estaciones de células más pequeñas (y la tecnología de formación de haces) que mezclarán / descifrarán y redirigirán paquetes de datos en una ruta de no interferencia hacia nosotros.

 Esto podría significar antenas inalámbricas en cada farola, poste de servicios públicos, hogar y negocios en barrios enteros, pueblos y ciudades.

Este breve video brinda una explicación sucinta de lo que puede esperar:

 

Torres de celdas miniatura MIMO

Las torres de celdas 4G actuales tienen alrededor de una docena de puertos de antena para admitir toda la comunicación, las nuevas y más pequeñas torres de telefonía 5G (o bases) serán MIMO (salida múltiple de entrada múltiple) y transportarán alrededor de cien puertos. Estas torres probablemente tendrán unos 4 pies de alto en comparación con las torres usuales de 90 pies que actualmente se erigen a nuestro alrededor. Las células estarán disponibles dentro de un rango de 100 metros y estas antenas inteligentes podrán diferenciar entre varias señales confusas -como ondas de radio y señales WiFi- en el aire y transmitirlas de una manera ordenada, por así decirlo.

Baja latencia: alta eficiencia

5G descompondrá los datos y los enviará en tamaños más pequeños para ofrecer tiempos de transmisión significativamente reducidos. Los datos se enviarán con solo un retraso de 1 milisegundo en lugar de un retraso de 50 milisegundos que se encuentra comúnmente con 4G. Con la comunicación tan rápido, permitirá que las máquinas se comuniquen entre sí sin prácticamente ningún margen de error. Como comenta Marcus Weldon, director de tecnología de Alcatel Lucent, “hasta ahora, hemos diseñado las redes para las personas y sus necesidades, y ahora lo estamos diseñando para las cosas”.

  Los peligros de 5G – 11 razones para preocuparse

Estados Unidos lidera el camino en 5G. En la conferencia de prensa de junio de 2016, el jefe de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), Tom Wheeler, anunció la apertura de espectro bajo, medio y alto. No se mencionó ningún tipo de efectos sobre la salud. Pero los peligros son reales.

Miles de estudios vinculan las exposiciones de radiación de radiofrecuencia inalámbrica de bajo nivel a una larga lista de efectos biológicos adversos, que incluyen:

Roturas de ADN de cadena simple y doble

daño oxidativo

interrupción del metabolismo celular

aumento de la permeabilidad de barrera hematoencefálica

reducción de melatonina

interrupción del metabolismo de la glucosa del cerebro

generación de proteínas de estrés

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Tampoco olvidemos que en 2011 la Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó la radiofrecuencia como un posible carcinógeno 2B.

Más recientemente, el Programa Nacional de Toxicología de $ 25 millones concluyó que la radiación de radiofrecuencia del tipo que utilizan actualmente los teléfonos celulares puede causar cáncer.

Pero, ¿dónde encaja 5G en todo esto? Dado que 5G está configurado para utilizar frecuencias superiores e inferiores a las bandas de frecuencia existentes, 5G se encuentra en el medio de todo esto. Pero la tendencia (varía de un país a otro) es que 5G utilice las bandas de frecuencia más altas. Lo que trae sus propias preocupaciones particulares. Aquí está mi revisión de los estudios realizados hasta la fecha: 11 razones para estar preocupado.

# 1 – UNA SOPA DENSORA DE ELECTROSMOG

Nos van a bombardear con frecuencias realmente altas a intensidades bajas de corto alcance, creando una sopa de electrosmog más compacta y más complicada, como muestra este diagrama.

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Para trabajar con el rango más alto de MMW en 5G, las antenas requeridas son más pequeñas. Algunos expertos hablan de 3 mm por 3 mm. La baja intensidad es para la eficiencia y para hacer frente a la interrupción de la señal de los obstáculos naturales y artificiales.

# 2 – EFECTOS EN LA PIEL

 La mayor preocupación es cómo estas nuevas longitudes de onda afectarán la piel. El cuerpo humano tiene entre dos millones y cuatro millones de conductos de sudor. El Dr. Ben-Ishai de la Universidad Hebrea de Israel explica que nuestros conductos de sudor actúan como “una serie de antenas helicoidales cuando se exponen a estas longitudes de onda”, lo que significa que nos volvemos más conductores. Un estudio reciente en Nueva York que experimentó con ondas de 60GHz indicó que “los análisis de profundidad de penetración muestran que más del 90% de la potencia transmitida se absorbe en la capa de epidermis y dermis”.

Se dice que los efectos de los MMW estudiados por el Dr. Yael Stein de la Universidad Hebrea también causan dolor físico a los humanos cuando nuestros nociceptores se inflaman al reconocer la onda como un estímulo dañino. Así que estamos analizando las posibilidades de muchas enfermedades de la piel y el cáncer, así como el dolor físico en nuestra piel.

  # 3 – EFECTOS EN LOS OJOS

Un estudio de 1994 encontró que la radiación de microondas de bajo nivel produce opacidad de la lente en ratas, lo que está relacionado con la producción de cataratas.

Un experimento realizado por el Instituto de Investigación Médica de la Universidad Médica de Kanazawa descubrió que las antenas de ondas milimétricas de 60 GHz pueden causar lesiones térmicas de distintos tipos de niveles. Los efectos térmicos inducidos por ondas milimétricas aparentemente pueden penetrar debajo de la superficie del ojo

“. Un estudio chino de 2003 también encontró daños en las células epiteliales del cristalino de los conejos después de 8 horas de exposición a radiación de microondas y un estudio realizado en 2009 por el Colegio de Médicos y Cirujanos de Pakistán concluye que los CEM emitidos por un teléfono celular causan trastornos del embrión de pollo diferenciación retinal.

# 4 – EFECTOS EN EL CORAZÓN

Un estudio ruso de 1992 encontró que las frecuencias en el rango 53-78GHz (lo que 5G propone usar) impactaron la variabilidad de la frecuencia cardíaca (un indicador de estrés) en ratas. Otro estudio ruso sobre ranas cuya piel fue expuesta a MMW encontró cambios en la frecuencia cardíaca (arritmias).

# 5 – EFECTOS DEL SISTEMA INMUNOLÓGICO

Un estudio ruso de 2002 examinó los efectos de la exposición a la radiación de microondas 42HGz en la sangre de ratones sanos. Se concluyó que “la exposición de todo el cuerpo de ratones sanos a EHF EMR de baja intensidad tiene un profundo efecto en los índices de inmunidad inespecífica”.

# 6 – EFECTOS EN LAS TASAS DE CRECIMIENTO CELULAR

Un estudio armenio de 2016 observó MMW en baja intensidad, reflejando el ambiente futuro provocado por 5G. Su estudio realizado sobre E-coli y otras bacterias indicó que las olas habían deprimido su crecimiento así como “propiedades y actividad cambiantes” de las células. La preocupación es que haría lo mismo con las células humanas.

 # 7 – EFECTOS SOBRE LA RESISTENCIA A LAS BACTERIAS

El mismo estudio armenio también sugirió que los efectos de MMW son principalmente en el agua, la membrana plasmática celular y el genoma también. Habían descubierto que la interacción de MMW con las bacterias alteraba su sensibilidad a “diferentes sustancias químicas biológicamente activas, incluidos los antibióticos”. Más específicamente, la combinación de MMW y antibióticos mostró que puede estar conduciendo a la resistencia a los antibióticos en las bacterias.

Este hallazgo innovador podría tener un efecto Magnum sobre la salud de los seres humanos a medida que el ancho de banda se despliegue a nivel nacional. La preocupación es que desarrollemos una menor resistencia a las bacterias a medida que nuestras células se vuelven más vulnerables y nos volvemos más vulnerables.

# 8 – EFECTOS EN LA SALUD VEGETAL

Una de las características de 5G es que el MMW es particularmente susceptible a ser absorbido por las plantas y la lluvia. Tanto los humanos como los animales consumen plantas como fuente de alimento. Los efectos que tiene MMW en las plantas nos pueden dejar con alimentos que no son seguros de consumir. Piensa en OGM con esteroides. El agua que cae del cielo sobre estas plantas también será irradiada. Un estudio de 2010 sobre plántulas de álamo temblón mostró que la exposición a radiofrecuencias provocaba que las hojas mostraran síntomas de necrosis.

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Otro estudio armenio encontró que los MMW de baja intensidad “invocan cambios en el espectro de la isoenzima peroxidasa de los brotes de trigo”. La peroxidasa es una proteína de estrés que existe en las plantas. Las indicaciones son que 5G será particularmente dañino para las plantas, tal vez más que para los humanos.

# 9 – EFECTOS EN LA ATMÓSFERA Y AGOTAMIENTO DE COMBUSTIBLES FÓSILES

La implementación de la red inalámbrica global 5G requiere el lanzamiento de cohetes para desplegar satélites para 5G. Estos satélites tienen una vida útil corta que requeriría mucho más despliegue de lo que estamos viendo actualmente. Un nuevo tipo de motor de cohete de hidrocarburo que se espera alimente una flota de cohetes suborbitales emitiría carbono negro que “podría causar cambios potencialmente significativos en la circulación atmosférica global y la distribución del ozono y la temperatura” según un estudio californiano de 2010. El escape de cohete de estado sólido contiene cloro, que también destruye el ozono.

 Se cree que los efectos sobre el ozono son peores que la exposición actual al CFC durante el día.

Se dice que el Proyecto Loon de Google lleva Internet a zonas rurales y de difícil acceso mediante el uso de globos de helio. Pero estos globos solo tienen una vida útil de 10 meses. Estamos viendo que se usa mucho helio aquí, más de lo que posiblemente podamos tener en la Tierra.

# 10 – INTERRUPCIÓN DEL ECOSISTEMA NATURAL

Desde el año 2000, ha habido informes de aves que abandonan sus nidos y problemas de salud como “deterioro del plumaje, problemas de locomoción, supervivencia reducida y muerte”, dice el investigador Alfonso Balmori. Las especies de aves que se ven afectadas por estos niveles bajos de radiación de microondas no ionizante son los gorriones comunes, las tórtolas, las cigüeñas blancas, las tórtolas y las urracas, entre otros.

Pero no son solo los pájaros. También se dice que la disminución de la población de abejas está relacionada con esta radiación EMF no ionizante. Reduce las habilidades de puesta de huevos de la reina lo que lleva a una disminución en la fuerza de la colonia.

Un estudio realizado por Loyola College de Chennai en 2012 concluyó que de 919 estudios de investigación realizados en aves, plantas, abejas y otros animales y humanos, 593 de ellos mostraron impactos de radiaciones RF-EMF. 5G se sumarán a los efectos de este electrosmog.

# 11 – MÁS ALLÁ DE LOS ESTUDIOS DE 5G ENGAÑANDO

5G usará ondas milimétricas pulsadas para transportar información. Pero como señala el Dr. Joel Moskowitz, la mayoría de los estudios 5G son engañosos porque no pulsan las olas. Esto es importante porque la investigación en microondas ya nos dice cómo las ondas pulsadas tienen efectos biológicos más profundos en nuestro cuerpo en comparación con las ondas no pulsadas. Los estudios previos, por ejemplo, muestran cómo las frecuencias de pulso de las frecuencias conducen a la toxicidad de los genes y la cadena de ADN se rompe.

 LAS PRUEBAS EN VIVO YA COMENZARON

AT & T ha anunciado la disponibilidad de su 5G Evolution en Austin, Texas. La evolución 5G permite a los usuarios de Samsung S8 y S8 + acceder a velocidades más rápidas. Esto es parte del plan de AT & T para establecer la base 5G mientras se están finalizando los estándares. Se espera que esto suceda a fines de 2018. AT & T tiene ojos en otras 19 áreas metropolitanas como Chicago, Los Ángeles, Boston, Atlanta, San Francisco, etc. Indianápolis es el próximo en su ruta 5G que llegará en el verano.

Qualcomm ya ha demostrado un sistema de antena 5G con una ganancia de alrededor de 27 decibelios. Según ABI Research, “hay entre 10 y 12 db más que una antena de estación base celular típica”. No es una buena señal.

Muchas más empresas del sector privado como HTC, Oracle, Sprint y T-Mobile están desempeñando un papel en el desarrollo de plataformas de prueba al contribuir con tiempo, conocimiento o dinero.

Llamado a la acción

La investigación y las pruebas preliminares son desenfrenadas por las compañías que están interesadas en aprovechar las aguas lucrativas de 5G. Pero pocos están dispuestos a investigar sus efectos sobre la salud. Las directrices de la Comisión Internacional sobre Protección contra la Radiación No Ionizante (ICNIRP) permanecen esencialmente sin cambios desde 1998, sin permitir el reconocimiento de la radiación de microondas de radiofrecuencia y los MMW como nocivos a menos que haya un efecto de calentamiento. Pero algunos expertos están expresando su opinión.

Dariusz Leszczynski de la Universidad de Helsinki y también ex miembro de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer es uno de ellos. Él ha llamado la atención sobre la intención de ICNIRP de clasificar la piel como miembros. A los miembros se les presta menos atención cuando se clasifican los niveles de exposición. La investigación indica que los MMW afectan más a la piel y a los ojos. Si la piel se clasifica como una extremidad, esto allanará el camino para que los gigantes de la industria introduzcan exposiciones aún más altas y pongan en riesgo a más personas.

La Unión Mundial contra el Despliegue de Radiaciones del Espacio (GUARD) dirigió una carta a la FCC en septiembre de 2016, señalando a su atención el daño que 5G infligirá. GUARD advirtió a la FCC que 5G viola el Artículo 3 de la Declaración de los Derechos Humanos de la ONU que establece que “todos tienen derecho a la vida, la libertad y la seguridad personal”. El documento está cargado de investigación, información y apoyo mundial

Para aprender a escribir, llamar o enviar un correo electrónico a las agencias pertinentes para protestar contra el despliegue de 5G, vaya aquí

http://www.parentsforsafetechnology.org/

QUÉ LOS EXPERTOS ESTÁN DICIENDO

Esto es lo que dicen los expertos sobre 5G:

“Junto con el 5G, viene otra cosa: Internet de las cosas. Si lo miras combinado, el nivel de radiación va a aumentar enormemente y, sin embargo, la industria está muy entusiasmada … proyectan negocios 5G / IoT para ser un negocio de $ 7 billones “.

-Profe. Girish Kumar, Profesor del Departamento de Ingeniería Eléctrica en IIT Bombay

“La nueva tecnología inalámbrica 5G implica ondas milimétricas (frecuencias extremadamente altas) que producen fotones de mucha más energía que incluso 4G y WiFi. Permitir que esta tecnología sea utilizada sin probar su seguridad es imprudente en extremo, ya que se sabe que las ondas milimétricas tienen un profundo efecto en todas las partes del cuerpo humano

“. -Profe. Trevor Marshall, Director de Autoinmunidad Research Foundation, California

“Los planes de irradiar desde el espacio una radiación de onda mili 5G altamente penetrante desde el espacio seguramente serán una de las mayores locuras jamás concebidas por la humanidad. No habrá ningún lugar seguro para vivir “.

-Olga Sheean ex empleada de la OMS y autora de ‘No Safe Place’

“Irradiaría a todos, incluidos los más vulnerables a los daños causados ​​por la radiación de radiofrecuencia: las mujeres embarazadas, los niños por nacer, los niños pequeños, los adolescentes, los hombres en edad reproductiva, los ancianos, los discapacitados y los enfermos crónicos”.

-Ronald Powell, PhD, Carta a FCC sobre la expansión 5G

Cómo protegerse de 5G

Mi enfoque de 3 pasos para tratar con los campos electromagnéticos se puede resumir como sigue:

Comprenda sus exposiciones. Comprenda los diferentes tipos de CEM y cómo se comportan, de ahí la necesidad de leer (y compartir) artículos como este.

Medida: use medidores EMF para obtener lecturas e identificar zonas activas.

Mitigue su exposición. Lo que significa eliminar la fuente, alejarse de la fuente de radiación o proteger su cuerpo.

Recomiendo el mismo enfoque con 5G. Existe la preocupación de que los medidores EMF actuales no puedan medir las frecuencias de los MMW. En este punto, el investigador Alasdair Philips de Powerwatch afirma que “los medidores de RF actuales cubren los rangos de frecuencia propuestos para la mayoría del uso de 5G en los próximos tres años”.

Infinitas posibilidades para el futuro

5G puede traer una nueva forma de revolución industrial, conectividad humana e incluso una nueva realidad. Ofrece infinitas posibilidades para el futuro.

Necesitamos más investigación. Pero lo que está claro, como lo indica la investigación que he compartido aquí, es que existen peligros reales.

Por eso es aún más importante tomar medidas para protegerse y proteger a sus seres queridos. Por favor comparte este artículo con tus amigos y familiares.

Las fuentes incluyen: Un futuro inalámbrico 5G – Dra. Cindy Russell

Lo último en 5G Spectrum – EMFields Solutions Ltd

IJMTER ISSN (en línea) 2349 – 9745 Evolución de la tecnología de generación móvil: 1G a 5G y revisión de la próxima tecnología inalámbrica 5G por Lopa J. Vora

https://www.electricsense.com/12399/5g-radiation-dangers/

 

¿Es la historia antigua completamente compuesta por ‘The Man’?

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Asumir una historia notable en un día notable en la historia-el aterrizaje lunar, digamos-fue fabricado. Ahora supongamos que entre 400.000 y 2 millones de esos días fueron inventados. Usted comienza a tener una idea del alcance de la Nueva Cronología, la teoría “empirico-estadística” de que gran parte de la historia humana es una ficción reunida para servir a los poderosos.

¿Puedes recordar tus lecciones de estudios sociales en la escuela media? ¿Cómo, en algún punto sagrado en su 11mo o 12mo año, usted aprendió que la historia registrada comienza con la apariencia de la escritura? Había los Mesopotámicos con sus escritos cuneiformes; los jeroglíficos de los egipcios y los garabatos demóticos; y más tarde, los griegos y los romanos, cuyas sociedades forman la columna vertebral, para bien o para mal, por nuestra cuenta, aunque sólo sea por mantener registros tan meticulosos.

Todos hemos buscado y encontrado estas conexiones a nuestros museos pasados, en libros, en la tierra. Esta es nuestra herencia. Y está arraigada en nosotros tan temprano, tan naturalmente, que impregna la mayoría de nuestras existencias sin exigir una reflexión crítica.

¿Y si todo esto es mierda?

Anatoly Timofeyevich Fomenko querría volar tu mente ahora, por favor. Él será asistido por el gran maestro de ajedrez Garry Kasparov, así como por Sir Isaac Newton.

Desde 1980, Fomenko, matemático de la Universidad Estatal de Moscú y miembro de pleno derecho de la prestigiosa Academia de Ciencias de Rusia, ha sido el principal defensor de una revisión radical de la historia humana: “una versión mejorada de la cronología global del Tiempo Antiguo” dijo el colaborador Gleb Nosovsky, basado en análisis estadísticos y astronómicos.

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Fomenko believes there is no reliable written record of human events before the 11th century. Most of our knowledge of earlier cultures is based on texts or copies of texts that date from after that era. From that point on, chroniclers—primarily learned religious scholars—used supposition and arbitrary consensus to fix the dates of key events in history. In doing so, they grafted recent occurrences onto earlier dates—sometimes unwittingly, sometimes perniciously—thus creating numerous “historical duplicates.” History appears to repeat itself, Fomenko suggests, because it is thoroughly plagiarized.

En su cronología, los acontecimientos del Nuevo Testamento preceden a los del Antiguo Testamento -y en cualquier caso, la mayoría de las historias se inventan para reflejar incidentes posteriores. Juana de Arco fue un modelo para el personaje bíblico Deborah. Jesucristo fue crucificado en Constantinopla en 1086. El antiguo Egipto, Roma y Grecia fueron creados por escritores y artistas del Renacimiento (el tiempo de los Faraones, según sugiere Fomenko, puede haber durado hasta el siglo XVIII). Aristóteles instruyó a Alejandro Magno, que era un zar, en Moscú en el siglo XIV. La historia inglesa temprana -desde los nombres y las fechas aceptados a las leyendas apócrifas de un rey Arturo post-romano- es realmente una copia carbónica del Byzantium del cuarto siglo, que es sí mismo una ficción basada en acontecimientos medievales atrasados.

Hablando de carbono, no se molestan en confiar en la datación de carbono u otros métodos cronológicos “científicos”, dice Fomenko: Se basan en el “viejo” sistema de citas, y por lo tanto, completamente corrompido.

-¿Eso suena extraño? el autor pregunta:

Esta versión de los acontecimientos se sustenta en hechos y en lógica, validados por la nueva investigación astronómica y el análisis estadístico de fuentes antiguas, en mayor medida que todo lo que habéis leído y oído de la historia anterior.

En resumen, argumenta, somos copias baudrillardianas sin original. Estamos en una matriz con reglas medievales. Estas reglas se explican en un corpus de siete volúmenes de Fomenko que se abre con la famosa sierra de Orwell de 1984: “Quién controla el pasado controla el futuro, quién controla el presente controla el pasado”. El difunto crítico social ruso Alexander Zinoviev dio el prólogo a esta obra maestra: “Toda la historia de la humanidad hasta el siglo XVII es una falsificación de proporciones globales”, escribió, “una falsificación tan deliberada como universal”.

Suena loco, y es ridiculizado por la mayoría de los eruditos modernos como “pseudohistoria”. Pero de hecho, Nueva Cronología tiene una rica historia propia, con raíces en la Revolución Científica y la Iluminación-en la sincera convicción de que lo que es real es lo que es demostrable. Simplemente sucede que gran parte del recuerdo de la historia de la humanidad se reconstruye temblorosamente y no se demuestra tan fácilmente.

El viejo cliché de Orwell sobre el control del pasado puede ser un shock para los jóvenes lectores por primera vez de 1984, pero para los cronólogos, es viejo. La cronología histórica, escribió el historiador alemán Dietrich Hermann Hegewisch en 1854, es necesaria “para proporcionar un principio de orden … y para promover los arreglos ordenados de la vida social”. La oscuridad de la línea de tiempo de la humanidad es un viejo problema; ausente una solución, la sociedad misma no puede funcionar. Todo el cisma religioso se vuelve sobre cómo los padres de la iglesia establecen las fechas para ciertos eventos bíblicos. Esto es importante.

Pero hasta que la ciencia se convirtió -sí, en una ciencia-, se impuso una cierta imprecisión en el esfuerzo. Las culturas antiguas podían observar el paso del tiempo a través de la astronomía, siguiendo los movimientos del sol, la luna y las estrellas; pero cómo fijaron estos acontecimientos en una línea de tiempo variada salvajemente. Incluso dentro de una misma cultura, las agitaciones políticas y religiosas trajeron nuevas líneas de tiempo. Dentro de dos milenios (según la “vieja” historia, la que desafía a Fomenko), los ciudadanos de Roma reconocieron tres calendarios diferentes: el romano, el juliano y el gregoriano. Cuanto más tiempo pasa, más necesario es para un cronista reconciliar todas estas disparidades, Hegewisch dijo:

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No es de extrañar, entonces, que el advenimiento del método científico y la astronomía telescópica -junto con los avances de las matemáticas- estimularon algunos de los primeros intentos serios de dar sentido a la historia en una línea de tiempo abarcadora que no se basaba en el dogma religioso. Sir Isaac Newton parecía singularmente calificado para esta tarea, habiendo aplicado su talento para el razonamiento matemático a la física celeste. La contribución de Newton, La cronología de los antiguos reinos, apareció por primera vez después de su muerte, en 1728. Argumentaba -a veces con altivez- que la cronología actualmente aceptada de la historia antigua era tremendamente inexacta en algunos lugares:

Aquí SU MAJESTAD verá Astronomía, y una Observación justa sobre el curso de la Naturaleza, asistiendo a otras partes del Aprendizaje para ilustrar la Antigüedad; y una Penetración y Sagacidad peculiares al gran Autor, disipando esa Niebla, con la cual la Fábula y el Error la habían oscurecido.

-Los cronologos a veces han duplicado las personas de los hombres -explicó Newton-, y por tales corrupciones han extrañado la historia antigua. Los griegos mezclaron a diosa Io con la diosa egipcia Isis; los romanos perdieron la mayor parte de sus crónicas a los incendios establecidos por los galos; la línea de tiempo persa de los gobernantes no tenía sentido; y cómo podría la gran ciudad egipcia de Memphis haber existido antes del día de Homero, si Homero nunca lo mencionó? Como resultado, los propios compatriotas de Newton estaban a la deriva, inseguros de su propia ubicación en la historia de la humanidad: “Los europeos, no tenían Cronología antes de los tiempos del Imperio Persa: y cualquier Cronología que ahora tienen de los tiempos antiguos, razonamiento y conjetura “.

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La cronología de Newton hizo que los ingleses se acercaran un poco más a la antigüedad. Los acontecimientos en la antigua Grecia, argumentó, eran unos 300 años más nuevos que la sabiduría convencional. El imperio de Egipto fue avanzado en el tiempo tanto como 1.800 años. Y así sucesivamente para la mayoría de las civilizaciones antiguas. “Y mientras todas estas naciones han magnificado sus antigüedades tan excesivamente”, concluyó el gran matemático, “no nos es de extrañar que los griegos y latinos hayan hecho sus primeros reyes un poco más viejos que la verdad”.

Los críticos no estaban impresionados. Se argumentó que el autor había “ido senil en su vejez”; otro se encogió de hombros que Newton “no pudo llegar a los juicios correctos en todo excepto en las matemáticas”. Pero el padre de las leyes gravitatorias era francamente sutil cuando se comparaba con otro cronólogo que vivía en la misma época, el erudito francés Jean Hardouin.

Hijo de un librero, Hardouin se convirtió en un maestro y bibliotecario jesuita que se interesó en fechar los textos clásicos que recogió y tradujo. La conclusión de Hardouin -que un crítico posterior calificó de “alucinación literaria “- fue que, salvo algunas obras de Cicerón, Virgilio y otros, todos los textos griegos y romanos de la” antigüedad “eran falsas fabricaciones cocinadas por” ciertos monjes de el siglo XIII “. Incluso la traducción griega de la misma Biblia era sospechosa para Hardouin, afirmación tan escandalosa que sus jesuitas superiores le obligaron a renunciar públicamente a su investigación en 1708. Pero publicó póstumamente varios textos más ampliando su teoría de que los monjes benedictinos medievales habían creado básicamente clásicos Roma y Grecia e incluso fabricaron todas las monedas antiguas:

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¿Por qué? Según su biografía en un texto de 1715 titulado The Charlatanry of the Learned, Hardouin “sólo declaró, elípticamente, que cuando murió, la razón se encontraría escrita en un pedazo de papel del tamaño de su mano. encontró.”

A fines del siglo XIX, la ciencia cronológica era pésima con los iconoclastas ansiosos por matar los shibboleths de larga data. El más notable entre éstos era el historiador británico Edwin Johnson, que emprendió un estudio de por vida de la cronología cristiana y encontró todo para ser litera:

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San Pablo, los primeros padres de la iglesia, e incluso los evangelios mismos fueron todos inventados en el 1500 por los monjes benedictinos. Cristo y los apóstoles eran ficciones al por mayor, al igual que “toda la historia inglesa antes del final del siglo XV”. Y, como dice uno de sus títulos de capítulos, “Un Período Imaginario ha sido creado y llamado la” Edad Media “”: Toda la era de 700 a alrededor de 1400 nunca sucedió realmente.

Un crítico sarcástico del New York Times, al revisar uno de los textos de Johnson en 1904, después de la muerte del autor, señaló que Johnson fue ampliamente acusado de tener “Benedictinos en el cerebro”:

Ese sistema, según él lo explica, es de una banda de “fabulistas deshonestos organizados y disciplinados en el uso de la pluma”, “enseñó a ponerse de acuerdo sobre un dogma y una fábula”. De sus manos vino toda nuestra literatura cristiana, toda nuestra historia, arreglada para satisfacer sus propósitos.

El crítico señaló que Johnson había sido, en épocas anteriores, un ministro congregacionalista … y también había traducido un texto antihistórico clave “por el padre Hardouin”.

En la superficie, al menos, la teoría de Fomenko tiene ventajas sobre los cronólogos anteriores. Utiliza el análisis estadístico para correlacionar viejos textos y cronogramas, buscando convergencias y similitudes que han escapado a la atención de otros. Armoniza una abundancia de datos celestiales y encuentra que los eventos astronómicos atribuidos a la antigüedad parecen corresponder a las ocurrencias registradas más recientes.

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Excepto que sus datos no son tan armoniosos. Tome su confianza en datos astronómicos tempranos: Cuando hay un conflicto entre la grabación de Ptolomeo de un acontecimiento celestial y el registro histórico existente, Fomenko no asume Ptolomeo lo consiguió mal; simplemente concluye que Ptolomeo vivió 700 años después de lo que creen los historiadores. Para hacer sus cartas lisas correlacionar épocas anteriores y posteriores en la historia, él tiene que ser selectivo en escoger sus puntos de datos; ¿hay una joroba desagradable en esta curva? Tal vez esos dos reyes eran realmente un rey. ¿Ves lo bien que aplana las cosas?

Tomemos, por ejemplo, la afirmación de Fomenko de que Jesús y el papa Gregorio VII eran realmente la misma persona, duplicados en el registro histórico de unos 100 años de diferencia, con Cristo viviendo en la Edad Media. Para hacer su caso, Fomenko pasa un capítulo entero correlacionando el registro astronómico con los eventos descritos en los evangelios. Sin embargo, nunca aborda las diferencias evidentes en las biografías de los dos hombres -como la forma en que Cristo fue ejecutado en sus treinta años, mientras que el papa Gregorio murió de la vejez, mientras que en el exilio en sus años sesenta.

 

También hay algo acerca de cómo toda la humanidad antes del Renacimiento estaba básicamente dominada por la Madre Rusia.

De hecho, basta con mirar su trabajo maestro de siete volúmenes para ver que está preocupado por la historia que tiene bases rusas; Roma antigua, Jerusalén y Londres eran realmente fantasmas de Bizancio, la sede de un enorme imperio turco-ruso que fue malinterpretado como una serie de antiguas civilizaciones occidentales. El infame engaño tártaro -la conquista de Rusia por los mongoles en los años 1200, de la que los rusos hablan como si acabara de suceder ayer, un acontecimiento traumático que ellos creían les impidió una permanente dominación cultural mundial- nunca sucedió realmente, según Fomenko, ellos mismos rusos.

Para un pueblo abandonado por el fracaso del comunismo soviético, un pueblo predispuesto a las teorías de la conspiración, atormentado por nociones de grandeza pasada y dominación territorial, que han vuelto a colocar su fe en un presidente nacionalista fuerte, es obvio el atractivo del calendario revisionista de Fomenko. Un crítico llama a la erudición de Fomenko “un ejemplo sintomático” de la “necesidad de Rusia de construir una nueva identidad colectiva en las consecuencias soviéticas (aprovechado por el gobierno ruso para impulsar una nueva forma de patriotismo)”. El problema, dice otro crítico, se extiende mucho más allá de Nueva Cronología:

Fomenko está contando una vieja historia sobre Rusia de una manera ligeramente nueva en un momento en que Rusia está luchando para hacer la transición de imperio a estado-nación. Él es la inspiración detrás de una guerra clandestina emprendida por historiadores “modernos” autodenominados cuya tarea es recuperar un pasado útil para el mundo post-comunista.

Irónicamente, nadie ha hecho más para popularizar el trabajo de Fomenko que un endurecido oponente del presidente ruso Vladimir Putin: El famoso campeón mundial de ajedrez Garry Kasparov.

En un ensayo en línea de 2003, Matemáticas del Pasado (disponible ahora sólo en forma archivada), Kasparov dice que desde la infancia -la fuente de todas las grandes ideas, obviamente! -empezó a sentir que había algo mal con la fechas de la antigüedad “. Kasparov procede a relatar cómo, leyendo Gibbon declinación y caída del Imperio Romano, encontró incontables contradicciones: ¿Cómo podrían los romanos antiguos lograr tanto sin buenos mapas? Si los humanos estuvieran creciendo con el tiempo, ¿cómo eran los soldados antiguos mucho más fuertes y más grandes que los de Gibbon? ¿Y cómo podrían haber logrado tales avances en matemáticas y arquitectura usando sólo números romanos?

Afortunadamente, Kasparov encontró una respuesta, como el maná del cielo:

Hace unos cinco años, me encontré con varios libros escritos por dos matemáticos de la Universidad Estatal de Moscú: el académico A.T. Fomenko y G.V. Nosovskij. Los libros describieron el trabajo de un grupo de matemáticos profesionales, dirigido por Fomenko, que había considerado los temas de la cronología antigua y medieval durante más de 20 años con resultados fascinantes. Utilizando modernos métodos matemáticos y estadísticos, así como cálculos astronómicos precisos, descubrieron que la historia antigua fue ampliada artificialmente por más de 1.000 años. Por razones que van más allá de mi entendimiento, los historiadores siguen ignorando su trabajo.

Las razones no son tan difíciles de entender, como lo demuestra uno de los críticos de un ensayo de Kasparov. Pero no han impedido que Kasparov colabore con los nuevos cronólogos, escribiendo una introducción a uno de sus libros y regalándoles un conjunto de la Enciclopedia Británica de 1771 “, donde encontramos un gran número de materiales valiosos e interesantes que confirman y amplían las conclusiones a las que hemos llegado “, escribe Fomenko.

Cuando se le preguntó en una entrevista de 2001 cuál era la verdadera historia del mundo, Kasparov respondió:

No estoy tratando de dar una respuesta definitiva. Lo que estoy tratando de probar es que tenemos suficientes lagunas, suficientes discrepancias, suficientes falsificaciones simples para concluir que probablemente esta historia fue una invención de un tiempo posterior.

Aquí está la seducción fundamental de la teoría de la conspiración: cualquier teoría de la conspiración. Es, irónicamente, un producto de nuestro enfoque moderno, ilustrado, post-supersticioso del conocimiento. Está basado en la noción de que la razón y la lógica -incluso la verdad- están ahí en alguna parte, accesibles a cualquier mente que sea lo suficientemente inteligente y lo suficientemente desapasionada. Apela a los libertarios, a los hombres reales del genio que se niegan a consentir el consenso de otros hombres sin ver su trabajo. Es un escepticismo razonable y seguro de sí mismo que fácilmente se deteriora en hubris: Hola, solo estamos haciendo preguntas aquí … El que controla el pasado controla el presente. ¿Quién controla el pasado? … Abre los ojos …

http://blackbag.gawker.com/is-ancient-history-completely-made-up-by-the-man-1694539419

 

 

HISTORIA ANTIGUA Cronología imposible: La historia es incorrecta

Cronología imposible

Los arqueólogos han hecho posible, voluntaria o involuntariamente, cuestionar la historia como la conocemos gracias a los numerosos descubrimientos que se han hecho en el pasado. Curiosamente, hay bastantes textos antiguos que hablan de tiempos en los que Gigantes, héroes, dioses y semidioses gobernaban sobre la Tierra. Estos seres misteriosos, considerados por los investigadores como mitos, gobernaron en el planeta Tierra durante cientos e incluso miles de años, y su legado fue escrito en textos antiguos como la lista del Rey Sumerio, el Papiro de Turín, la piedra de Palermo y numerosos pensadores y investigadores como Eusebio de Casarea y George Syncellus han estudiado estos llamados “mitos” llegando a conclusiones interesantes que desafían la historia dominante.

Según Eusebio de Cesarea, historiador romano, exegeta y polémico cristiano de ascendencia griega, una dinastía de dioses gobernó Egipto durante 13.9 mil años: el primero fue dios Vulcano, el dios que descubrió el fuego, después de él Sosis del Sol , Isis y Osiris de Saturno, Tifón hermano de Osiris, y Horus el hijo de Isis y Osiris. fueron seguidos por una dinastía de héroes y semidioses que gobernaron durante 11.025 años. Esto hace un total de 24.925 años de reinado. Aproximadamente alrededor de 3000 AC, el primer faraón “humano” tomaría la regla como faraón egipcio.

Según George Syncellus seis dinastías de dioses reinaron durante 11.985 años. El dios del fuego Hephaestus, Helios o Sol, Agatodemon, Cronus o Saturno, Osiris e Isis y el hermano Typhon de Osiris. Los primeros 9 semidioses son Horus (hijo de Isis y Osiris), Ares, Anubis, Heracles, Apolo, Amon Titoes, SOSUS y Zeus, y estos nueve semidioses cubrieron un período de 2645 años de reinado en el antiguo Egipto. Sucesivas dinastías de semidioses, espíritus y héroes cubrieron miles de años de gobierno egipcio. todo esto era, según Syncellus, mucho antes de que el primer faraón oficial gobernara sobre el antiguo egipcio como nos dice la historia dominante.

¿Por qué la historia y los investigadores han ignorado el Papiro de Turín y su cronología? Al igual que la Lista de Reyes Sumerios, se cree que es imposible.

Sumerians

La Lista del Rey Sumerio

 

“1-39 Después de la realeza descendió del cielo, la realeza estaba en Eridug. En Eridug, Alulim se hizo rey; gobernó durante 28.800 años. Alaljar gobernó durante 36000 años. 2 reyes; gobernaron durante 64.800 años. Entonces Eridug cayó y la realeza fue llevada a Bad-tibira. En Bad-tibira, En-men-lu-ana gobernó durante 43.200 años. En-men-gal-ana gobernó durante 28800 años. Dumuzid, el pastor, gobernó durante 36000 años. 3 reyes; gobernaron durante 108.000 años. Entonces Bad-tibira cayó (?) Y la realeza fue llevada a Larag. En Larag, En-sipad-zid-ana gobernó durante 28800 años. 1 rey; gobernó durante 28.800 años. Entonces Larag cayó (?) Y la realeza fue llevada a Zimbir. En Zimbir, En-men-dur-ana se hizo rey; gobernó durante 21.000 años. 1 rey; gobernó durante 21.000 años. Entonces Zimbir cayó (?) Y la realeza fue llevada a Curuppag. En Curuppag, Ubara-Tutu se convirtió en rey; gobernó durante 18600 años. 1 rey; gobernó durante 18600 años. En 5 ciudades 8 reyes; gobernaron durante 24.100 años. Entonces el diluvio se extendió.

De las piezas restantes de la invaluable lista denominada el papiro de Turín, es posible establecer nueve dinastías pertenecientes a los faraones predinásticos, entre ellos están: los Venerables de Memphis ‘,’ los Venerables del Norte ‘y, por último, el Shemsu Hor (los Compañeros, o Seguidores, de Horus) que gobernó hasta el tiempo de Menes.

turinroyalcanon

Las dos últimas líneas de la columna, que parecen representar un resumen de todo el documento, son extremadamente interesantes y nos recuerdan a la Lista del Rey Sumerio. Ellos leen: ‘… Venerables Shemsu-Hor, 13.420 años; Reina ante el Shemsu-Hor, 23.200 años; Total 36.620 años ‘.

La lista del rey sumerio tiene otra historia increíble que contar, y al igual que el papiro de Turín, ha sido etiquetado como imposible por la comunidad arqueológica e histórica. El espécimen mejor conservado de la Lista del Rey Sumerio se llama el Prisma Weld-Blundell, que es un prisma vertical con forma de arcilla y cuneiforme alojado en el Museo Ashmolean. El prisma Weld-Blundell fue escrito en cuneiforme alrededor de 2170 aC por un escriba que firmó como Nur-Ninsubur desde el final de la dinastía Isin. Este increíble documento ofrece una lista completa de los Reyes Sumerios desde el principio, antes de la gran inundación, y los 10 reyes que vivieron antes del diluvio que vivió durante miles de años. El prisma de arcilla fue encontrado en Larsa, hogar del cuarto rey antediluviano Kichunna, a pocos kilómetros al norte de Ur.

“En 5 ciudades 8 reyes; gobernaron durante 24.100 años. Entonces el diluvio se extendió. “Después de que el diluvio había barrido, y la realeza había descendido del cielo, la realeza estaba en Kic. En Kic, Jucur se convirtió en rey; gobernó durante 1200 años … ” ¿Qué nos falta y por qué es que los arqueólogos y los estudiosos de la corriente principal han decidido ignorar estos invaluables textos antiguos que registran la verdadera historia para su comienzo?

ANCIENT HISTORY Impossible chronology: History is wrong

 

Impossible chronology

Archaeologists have made it possible willingly or unwillingly, to question history as we know it thanks to the numerous discoveries that have been made in the past.

Strangely, there are quite a few ancient texts that speak of times where Giants, heroes, gods and demigods ruled over Earth. These mysterious beings, considered by researchers as myths, ruled on planet Earth for hundreds and even thousands of years, and their legacy was written down in ancient texts such as the Sumerian King list, the Turin Papyrus, the Palermo stone, and numerous thinkers and researchers such as Eusebio of Casarea and George Syncellus have studied these so-called “myths” coming to interesting conclusions that challenge mainstream history.

According to Eusebius of Caesarea, who was a Roman historian, exegete, and Christian polemicist of Greek descent, a dynasty of gods ruled Egypt for 13.9 thousand years: the first was god Vulcan, the god who discovered fire, after him Sosis of the Sun, Isis and Osiris of Saturn, Typhoon brother of Osiris, and Horus the son of Isis and Osiris. they were followed by a dynasty of heroes and demigods who ruled for 11,025 years. This makes it a total of 24.925 years of reign. Approximately around 3000 BC, the first “human” pharaoh would take rule as Egyptian pharaoh.

According to George Syncellus six dynasties of gods reigned for 11,985 years. The god of fire Hephaestus, Helios or Sol, Agatodemon, Cronus or Saturn, Osiris and Isis and Osiris’ brother Typhon. The first 9 demigods are Horus (son of Isis and Osiris), Ares, Anubis, Heracles, Apollo, Amon Titoes, SOSUS, and Zeus, and these 9 demigods covered a period of about 2645 years kingship in ancient Egypt. Succeeding dynasties of demigods, spirits and heroes covered thousands of years of Egyptian rule. all of this was, according to Syncellus, way before the first official pharaoh ruled over ancient Egyptian as mainstream history tells us.

Why has history and researchers ignored the Turin Papyrus and its chronology? Just like the Sumerian King List, it is believed impossible.

The Sumerian King List: “1-39 After the kingship descended from heaven, the kingship was in Eridug. In Eridug, Alulim became king; he ruled for 28800 years. Alaljar ruled for 36000 years. 2 kings; they ruled for 64800 years. Then Eridug fell and the kingship was taken to Bad-tibira. In Bad-tibira, En-men-lu-ana ruled for 43200 years. En-men-gal-ana ruled for 28800 years. Dumuzid, the shepherd, ruled for 36000 years. 3 kings; they ruled for 108000 years. Then Bad-tibira fell (?) and the kingship was taken to Larag. In Larag, En-sipad-zid-ana ruled for 28800 years. 1 king; he ruled for 28800 years. Then Larag fell (?) and the kingship was taken to Zimbir. In Zimbir, En-men-dur-ana became king; he ruled for 21000 years. 1 king; he ruled for 21000 years. Then Zimbir fell (?) and the kingship was taken to Curuppag. In Curuppag, Ubara-Tutu became king; he ruled for 18600 years. 1 king; he ruled for 18600 years. In 5 cities 8 kings; they ruled for 241200 years. Then the flood swept over.”

The Sumerian King List

“1-39 After the kingship descended from heaven, the kingship was in Eridug. In Eridug, Alulim became king; he ruled for 28800 years. Alaljar ruled for 36000 years. 2 kings; they ruled for 64800 years. Then Eridug fell and the kingship was taken to Bad-tibira. In Bad-tibira, En-men-lu-ana ruled for 43200 years. En-men-gal-ana ruled for 28800 years. Dumuzid, the shepherd, ruled for 36000 years. 3 kings; they ruled for 108000 years. Then Bad-tibira fell (?) and the kingship was taken to Larag. In Larag, En-sipad-zid-ana ruled for 28800 years. 1 king; he ruled for 28800 years. Then Larag fell (?) and the kingship was taken to Zimbir. In Zimbir, En-men-dur-ana became king; he ruled for 21000 years. 1 king; he ruled for 21000 years. Then Zimbir fell (?) and the kingship was taken to Curuppag. In Curuppag, Ubara-Tutu became king; he ruled for 18600 years. 1 king; he ruled for 18600 years. In 5 cities 8 kings; they ruled for 241200 years. Then the flood swept over.”

From the remaining pieces of the invaluable list referred to as the Turin papyrus, it is possible to establish nine dynasties belonging to the predynastic Pharaohs, among them are: the Venerables of Memphis’, ‘the Venerables of the North’ and, lastly, the Shemsu Hor (the Companions, or Followers, of Horus) who ruled until the time of Menes.

turinroyalcanon

The final two lines of the column, which seem to represent a resume of the entire document are extremely interesting and remind us to the Sumerian King List. They read:
‘… Venerables Shemsu-Hor, 13,420 years; Reigns before the Shemsu-Hor, 23,200 years; Total 36,620 years’.

The Sumerian King list has another incredible story to tell, and just like the Turin Papyrus, it has been tagged as impossible by the archaeological and historical community. The best-preserved specimen of the Sumerian King List is called the Weld-Blundell Prism, which is a clay, cuneiform inscribed vertical prism housed in the Ashmolean Museum. The Weld-Blundell Prism was written in cuneiform around 2170 BC by a scribe who signed as Nur-Ninsubur from the end of the Isin Dynasty. This incredible document provides a comprehensive list of the Sumerian Kings from the beginning, before the great flood, and the 10 kings who lived before the Flood who lived for thousands of years. The clay prism was found in Larsa, home of the fourth antediluvian king Kichunna, a few kilometers north of Ur.

“In 5 cities 8 kings; they ruled for 241200 years. Then the flood swept over.”

“After the flood had swept over, and the kingship had descended from heaven, the kingship was in Kic. In Kic, Jucur became king; he ruled for 1200 years…”

What are we missing and why is it that mainstream archaeologists and scholars have decided to ignore these invaluable ancient texts which record true history for its beginning?