Tomas de Torquemada (El inquisidor)

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Torquemada. Para los oídos ingleses, el mismo nombre suena torturado y cruel. Y Tomás de Torquemada era eso. Era un hombre intolerante en una época de hombres intolerantes. Un judío, nacido en una familia de conversos, se volvió la mayor parte de su furia contra su propio pueblo. Con energía y conexiones, era inevitable que Torquemada subiera al poder. Después de estudiar teología en el convento dominicano de San Pablo en Valladolid, se convirtió en prior del convento de Santa Cruz en Segovia. También se convirtió en confesor de la corte real. Allí susurró a los oídos del rey Fernando y de la reina Isabel que muchos conversos judíos practicaban secretamente ritos judaicos mientras aparentemente fingían ser cristianos.

Ayudó a la pareja real a solicitar una inquisición sobre este asunto. La solicitud fue concedida. En 1483, Torquemada se hizo gran inquisidor.

Torquemada desarrolló una red opresiva de espías y policía secreta. Sus tribunales convocaron a miles de personas. La mayoría de ellos estaban completamente en una pérdida en cuanto a lo que se suponía que habían hecho. Un tercio fueron torturados.

Las tres torturas más comunes debían ser colgadas por los brazos hasta que fueran sacadas de sus órbitas; Ser forzado a tragar galones de agua; Y ser atormentado. La inquisición mantuvo registros de interrogatorios, y estos muestran a la gente pidiendo que se les diga qué admitir para que puedan escapar de su agonía. -He dicho que hice todo lo que dicen los testigos, señores, que me suelten, porque no lo recuerdo … por el amor de Dios, ten misericordia de mí -exclamó una mujer.

Un hombre sometido a la tortura insistió en que era un buen católico. Si querían que él dijera que era un hereje, lo haría por la tortura. Señor Inquisidor, ¿qué quiere que diga su señoría? Otra: “No sé qué decir … Oh Dios, Oh Dios no hay misericordia, ¡Oh Dios me ayude, ayúdame!”

Peor que las torturas era el miedo a la inmolación. Torquemada quemó a más de 2.000 víctimas “culpables”. Naturalmente, con tal expediente lo odiaron. Le pareció necesario ir con los guardaespaldas. Ni siquiera el Papa pudo detener su cruel trabajo. Cuando Sixto IV en un toro absolvió a todos los Conversos de cualquier error que pudieran haber cometido, Fernando se negó a quedar atado por el toro.

Torquemada continuó la persecución y Sixtus retrocedió. Torquemada alargó su alcance. Tenía todos los judíos inconversos expulsados ​​de España. Paradójicamente y trágicamente, este brutal negocio se hizo en nombre de Cristo, que nunca levantó un dedo para lastimar a nadie, sino que voluntariamente dio su propia vida por los demás. Sin embargo, la muerte nos alcanza a todos.

En esta fecha, 16 de septiembre de 1498, a la edad de 78 años, Torquemada murió. Si España esperaba con su muerte un cese de la brutalidad, esperaban en vano. Su aparato seguía viviendo tras él, aplastando nuevas víctimas mucho tiempo después de su desaparición.

Bibliografía

 

  1. Ott, Michael. “Tomas de Torquemada.” The Catholic Encyclopedia. New York: Robert Appleton, 1914.
  2. Kamen, Henry. The Spanish Inquisition. London: White Lion Publishers, 1976.
  3. Sabatini, Rafael. Torquemada. Boston: Houghton Mifflin, 1924.
  4. Various encyclopedia articles.

 

Tomas de Torquemada (The Enquisitor)

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Torquemada. To English ears, the very name sounds tortured and cruel. And Tomás de Torquemada was that. He was a most intolerant man in an age of intolerant men. A Jew, born into a family of converts, he turned most of his fury against his own people.

With energy and connections, it was inevitable that Torquemada should rise to power. After studying theology at the Dominican convent of San Pablo in Valladolid, he became prior of Santa Cruz convent in Segovia. He also became confessor to the royal court. There he whispered in the ears of King Ferdinand and Queen Isabella that many Jewish converts were secretly practicing Judaic rites while outwardly pretending to be Christians.

He helped the royal couple draft a request for an inquisition into this matter. The request was granted. In 1483, Torquemada was made grand inquisitor.

Torquemada developed an oppressive network of spies and secret police. His courts summoned thousands of individuals. Most of them were completely at a loss as to what they were supposed to have done. One third were tortured. The three most common tortures were to be hung by the arms until they were pulled from their sockets; to be forced to swallow gallons of water; and to be racked.

The inquisition kept records of interrogations, and these show people begging to be told what to admit so they could escape their agony. “I have said that I did all that the witnesses say. Señores, release me, for I do not remember it. . . . for God’s sake have mercy on me,” pleaded one woman. A man undergoing the torture insisted he was a good Catholic. If they wanted him to say he was a heretic, he would because of the torture. “Señor Inquisidor, what does your lordship want me to say?” Another: “I don’t know what to say. . . . Oh God, Oh God there’s no mercy, Oh God help me, help me!”

Worse than the tortures was the fear of immolation. Torquemada burned over 2,000 “guilty” victims. Naturally, with such a record he was loathed. He found it necessary to go about with bodyguards. Even the Pope could not stop his cruel work. When Sixtus IV in a bull absolved all the Conversos of any wrong they might have done, Ferdinand refused to be bound by the bull. Torquemada continued the persecution and Sixtus backed down. Torquemada extended his reach. He had all unconverted Jews expelled from Spain.

Paradoxically and tragically, this brutal business was done in the name of Christ, who never raised a finger to hurt anybody but willingly gave his own life for others. However, death reaches us all. On this date, September 16, 1498, at the stout age of 78, Torquemada died. If Spain hoped with his death for a cessation of brutality, they hoped in vain. His apparatus lived on after him, crushing new victims long after he was gone.

Bibliography:

  1. Ott, Michael. “Tomas de Torquemada.” The Catholic Encyclopedia. New York: Robert Appleton, 1914.
  2. Kamen, Henry. The Spanish Inquisition. London: White Lion Publishers, 1976.
  3. Sabatini, Rafael. Torquemada. Boston: Houghton Mifflin, 1924.
  4. Various encyclopedia articles.