SANTA MARÍA MAGDALENA DE PAZZIS CEMETERY – OLD SAN JUAN, PUERTO RICO

 

 

A LANDMARK ATTRACTION IN OLD SAN JUAN…BE SURE TO AT LEAST TAKE A LOOK FROM THE FORT EL MORRO WALLS

In San Juan, even a cemetery is extraordinary.  Santa Maria Magdalena de Pazzis is one of the most beautiful cemeteries in the world.  Visiting a cemetery is typically not at the top of the list of must-visit attractions, but while in Old San Juan, it is a sight you have to see.

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Nestled on a hill in front of the blue Atlantic waters, and framed by the city walls right next to Castillo San Felipe del Morro (El Morro), you’ll find the resting place for some of the most prominent Puerto Ricans and individuals lucky enough to get a spot in this elegant and unique cemetery.

The cemetery was named in honor of Saint Maria Magdalena de Pazzi.  The cemetery dates back to early 1863, when construction was begun.  It was then administered by Carmelite nuns.  The oceanfront location of the cemetery is symbolic of the journey over to the afterlife and originates from Spanish superstition and fear of death.

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The cemetery is divided into two parts, the old and new cemetery.  Walk through the beautiful gate painted in yellow and white, and there you’ll find the oldest burial sites including the ones of notable and important personalities in Puerto Rican history.  Among them are Jose Ferrer, Jose de Diego, Rafael Hernandez, Jose Celso Barbosa, Salvador Brau, and Pedro Albizu Campos.

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Jose Julian de Acosta – Abolitionist & Politician

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Jose De Diego – Poet, Lawyer & Politican

Different shades of blue from the Atlantic, deep brown city walls, colorful flowers, bright white burial sites, and elegant, ornate, marble life-size sculptures are a photographers dream.  It’s truly a beautiful place with so many beautiful colors contrasting perfectly against the blue skies.  If the dead could hear, then we can’t imagine a better place to be with the constant sounds of ocean waves, whistling of the trade winds, and the laughter of children running around the grounds of El Morro flying kites.  It’s perfectly understandable why these burial sites are one of the most sought after by Puerto Ricans, many paying top dollar for them.

 

VISITING SANTA MARÍA MAGDALENA DE PAZZIS CEMETERY

Looking west is the fort of Castillo San Felipe del Morro (El Morro), and looking east is the infamous La Perla (one of the oldest slums in Puerto Rico and perhaps the last one in existence).  If you’re going to visit the cemetery, you’ll have to walk or drive through a short tunnel on Calle Tiburcio Reyes, and once at the cemetery, you’ll be right next to La Perla.  Old San Juan is perhaps one of the safest areas in San Juan due to the strong police presence and respect of locals towards tourists.  The area bordering La Perla is always patrolled, so feel free to visit, but use safety common sense as you would in any other place.  Avoid visiting the cemetery at night or alone.  Visit during day light hours and don’t go into La Perla.  There is a cemetery worker at the office during the day.

To see most of the cemetery, you’ll need about 40 minutes.  If you don’t have time, you can get a glimpse from the city walls right next to El Morro, and binoculars would come in handy.  You can get great photographs from the walls.

 

Tomas de Torquemada (El inquisidor)

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Torquemada. Para los oídos ingleses, el mismo nombre suena torturado y cruel. Y Tomás de Torquemada era eso. Era un hombre intolerante en una época de hombres intolerantes. Un judío, nacido en una familia de conversos, se volvió la mayor parte de su furia contra su propio pueblo. Con energía y conexiones, era inevitable que Torquemada subiera al poder. Después de estudiar teología en el convento dominicano de San Pablo en Valladolid, se convirtió en prior del convento de Santa Cruz en Segovia. También se convirtió en confesor de la corte real. Allí susurró a los oídos del rey Fernando y de la reina Isabel que muchos conversos judíos practicaban secretamente ritos judaicos mientras aparentemente fingían ser cristianos.

Ayudó a la pareja real a solicitar una inquisición sobre este asunto. La solicitud fue concedida. En 1483, Torquemada se hizo gran inquisidor.

Torquemada desarrolló una red opresiva de espías y policía secreta. Sus tribunales convocaron a miles de personas. La mayoría de ellos estaban completamente en una pérdida en cuanto a lo que se suponía que habían hecho. Un tercio fueron torturados.

Las tres torturas más comunes debían ser colgadas por los brazos hasta que fueran sacadas de sus órbitas; Ser forzado a tragar galones de agua; Y ser atormentado. La inquisición mantuvo registros de interrogatorios, y estos muestran a la gente pidiendo que se les diga qué admitir para que puedan escapar de su agonía. -He dicho que hice todo lo que dicen los testigos, señores, que me suelten, porque no lo recuerdo … por el amor de Dios, ten misericordia de mí -exclamó una mujer.

Un hombre sometido a la tortura insistió en que era un buen católico. Si querían que él dijera que era un hereje, lo haría por la tortura. Señor Inquisidor, ¿qué quiere que diga su señoría? Otra: “No sé qué decir … Oh Dios, Oh Dios no hay misericordia, ¡Oh Dios me ayude, ayúdame!”

Peor que las torturas era el miedo a la inmolación. Torquemada quemó a más de 2.000 víctimas “culpables”. Naturalmente, con tal expediente lo odiaron. Le pareció necesario ir con los guardaespaldas. Ni siquiera el Papa pudo detener su cruel trabajo. Cuando Sixto IV en un toro absolvió a todos los Conversos de cualquier error que pudieran haber cometido, Fernando se negó a quedar atado por el toro.

Torquemada continuó la persecución y Sixtus retrocedió. Torquemada alargó su alcance. Tenía todos los judíos inconversos expulsados ​​de España. Paradójicamente y trágicamente, este brutal negocio se hizo en nombre de Cristo, que nunca levantó un dedo para lastimar a nadie, sino que voluntariamente dio su propia vida por los demás. Sin embargo, la muerte nos alcanza a todos.

En esta fecha, 16 de septiembre de 1498, a la edad de 78 años, Torquemada murió. Si España esperaba con su muerte un cese de la brutalidad, esperaban en vano. Su aparato seguía viviendo tras él, aplastando nuevas víctimas mucho tiempo después de su desaparición.

Bibliografía

 

  1. Ott, Michael. “Tomas de Torquemada.” The Catholic Encyclopedia. New York: Robert Appleton, 1914.
  2. Kamen, Henry. The Spanish Inquisition. London: White Lion Publishers, 1976.
  3. Sabatini, Rafael. Torquemada. Boston: Houghton Mifflin, 1924.
  4. Various encyclopedia articles.